CADA DÍA ESCRIBE MEJOR

01/01/2013

Autor: Fernando Justo
Ángel María Vargas Letras

ANGEL MARIA VARGAS EL CUENTISTA RIOJANO DEL SIGLO XX

Ángel María Vargas es sin duda el mejor cuentista que ha dado La Rioja y tal vez el interior del país. Su pequeña producción que apenas alcanza a un libro, le impidió proyectarse al ámbito nacional y pasar a ser un “notable” de la Literatura. Hoy en la carrera de Letras de la U.B.A., se dictan seminarios y cursillos de escritores de poca monta y mediana producción, que gozaron de fama por que un cuento fue adaptado para guión de película o porque en vida pertenecieron a un grupo intelectual que varios años después alcanzó una pequeña cuota de poder en algún ámbito y ahora lanzan y alaban al escritorucho como si fuera el apogeo de las letras argentinas. Vargas seguirá siendo ignorado mucho tiempo más. Cuando el Centro Editor de América Latina incluyó un cuento suyo en una antología (“La Sopera” en Cuentos del Noroeste. Bs. As. 1972. Col Historia Popular. Vol. 99. 115 p.) recibió la primera crítica importante, laudatoria y de gran circulación entre lectores, escritores y estudiantes de letras. Con 20.000 ejemplares distribuidos, el C.E.A.L. era una gran vidriera. No obstante no tuvo una propuesta editorial, salvo que otros cuentos fueran incluidos en otras antologías de la colección Capítulo de ese mismo sello editorial (“Una vieja contra reembolso” y “Chango sin espuelas”) Llamativamente la crítica, seria y laudatoria, está sin firma en la introducción del libro “Cuentos del Noroeste” y, mal que le pese a Vargas, es desde una perspectiva marxista pues pretende hallar nichos de la lucha de clases en los relatos de la antología. Como dejamos establecido antes, la producción de Vargas se limita aun solo libro (El Hombre que Olvidó las Estrellas), que fuera publicado en 1940 donde se reúnen casi la totalidad de sus cuentos, muchos de los cuales ya habían sido publicados en diarios de Buenos Aires, luego de ser premiados en concursos literarios. En 1986 la Dirección Provincial de Cultura le publica bajo el mismo título una selección de cuentos y poemas. Y finalmente en 1999 la Biblioteca Mariano Moreno reedita la versión de 1940. El cuento “La Sopera” de la antología del Centro Editor de América Latina tiene unas llamativas modificaciones respecto de la versión original de 1940. En un principio he creído que estaba ante una versión extraída de un diario o un suplemento cultural, anterior a la edición de “El Hombre que Olvidó las Estrellas”, pero luego pude notar que este cuento permaneció inédito hasta la aparición de ese libro. ¿Cuándo fue que Vargas cambió el cuento? ¿Bajo qué circunstancias? El anónimo crítico del CEAL quiso incluir el cuento en la antología haciendo alusión al libro publicado en 1940 diciendo “De este libro, injustamente olvidado incluimos La Sopera, sin duda uno de los mejores relatos de la literatura argentina de la época” (p 25). Es evidente que para editarlo han tratado que conseguir su autorización para lo cual el mismo Vargas ha querido actualizar algunos contenidos del texto a la realidad argentina de 1972, con la caída de un régimen de dictaduras cívico-militares de dieciocho años, con el advenimiento del peronismo al poder y el retorno de Perón a la Argentina. A su vez, Vargas ha tenido que corregir algunas imágenes para hacerlas mas crudas y creíbles. En el II parte del cuento, donde se relata la ida al cementerio, los amigos de Senilloza (el protagonista) comentan “yo hi tenío cuatro carros leñateros”. En 1972 Vargas creyó, aparentemente, que sería extraño en semejante pobreza tener tantos carros y lo cambió por : “Yo hi tenío un carro leñatero”. Desde la “sopera”, los amigos de Senilloza pueden ver como un hombre “llena el techo con remiendos de barro” (1940) En la edición de 1972 sólo “tapa agujeros con barro”. Senilloza teme que el humo “haga llorar al muerto” (1940). Luego se transformaría en temor a que “el humo haga también llorar al difunto” (1972) Vargas, para hacer más triste el diálogo de los deudos dentro de la Sopera rumbo al cementerio reduce los diálogos. Las frases que 1940 eran dichas por varios personajes, se transforman en 1972 expresiones de un solo personaje. También en esta última versión incluye un diálogo que no existía en la de 1940 y de gran vitalidad expresiva para la realidad política de esos años: “Después hablan del gobierno: - No sirve para nada. - Hay que voltearlo. - Pa’ que venga otro que tampoco sirva” Ese año de 1972 ha sido de gran trascendencia dentro de la historia argentina. Luego de 17 años, y un intento fallido, Perón retornaba al país y en la Argentina se clausuraba una experiencia de dictaduras cívico-militares con proscripciones y anulación de elecciones de resultados adversos al oficialismo. Vargas, peronista ortodoxo y crítico de nueva expresión del peronismo riojano de esos años, no estaba al margen de la realidad y en sus incorporaciones al relato se notan pinceladas de crítica al régimen que expiraba y a la experiencia que estaba por comenzar. Hay una ostensible mejora en las expresiones populares. En IV parte, para explicar el nivel de obsecuencia de Quiñónez al poder de turno, en la versión de 1940, Vargas describe: “Si el gobernador se llama Francisco, dice familiarmente: - Esta mañana estuve con Pancho. Y si se llama Baltasar: - Esta mañana estuve con Balta” La versión de 1972 está enriquecida: “- Ayer estuve churrasqueando con Pancho. Y si se llama Baltasar: - Con Balta, de changos fuimos juntos a la escuela” Más de cuarenta modificaciones introdujo Vargas en su cuento. Algunas son simples como “caballitos” por “caballos”; “El viejito cegatón” por “el negro desarrapado”, “sud” por “sur”; “veinte años” por “una ponchada de años”; “Anoche cayeron cuatro gotas de lluvia” por “ anoche lloró el cielo cuatro gotas”; “un hombre pecoso” por “un hombrecito cara de ratón”. Etc. En final de la VI parte muestra el cambio literario más evidente y en donde se denota el enriquecimiento de Ángel María Vargas en el uso de los regionalismos y las expresiones populares y un leve sabor “rulfiano” Dice la versión de 1940: “Las comadres lo miran con severidad. - ¡Perder los dijuntos, Ave María! - Ni qu’estuviera chumau. - Si está. ¿No le siente la hedentina a licor? El cochero pide que le ayuden a levantar el ataúd.” En 1972, luego de treinta años pintó la misma escena pero con estas expresiones de mejor estilo: “Las comadres, constituidas en severo tribunal, son inexorables: - ¡Perder los dijuntos, Ave María! - Andar sembrando muertos por las calles... - ¡Cochero sin religión! Dos vecinos levantan el ataúd y lo colocan dentro de la carroza” De igual modo, en los párrafos finales de la versión de 1972, donde se describe el interior de la vivienda de Quiñones y la composición familiar, se nota un estilo perfeccionado con oraciones nuevas que dan mas sentido al próximo desenlace. “No hay en ella ninguno de los lujos que la gente supone en Quiñónez”. La “mesa leprosa” se transforma en “una sala venida a menos”, para poder restar el carácter estigmático que tiene ese calificativo. Muchos son los autores que corrigen sus textos en segundas ediciones aunque son pocos los que tienen la fortuna de llegar a la reedición de un libro. Las correcciones se limitan al uso mejorado de la puntuación, a salvar errores de tipeo o de imprenta y en el peor de los casos, los famosos tratan de omitir o sepultar aquellos cuentos que luego de treinta o cuarenta años desean no haberlos escrito. Marco Denevi en sus Obras Completas Vol. II, incluye una versión del cuento “Los Anteojos”, que en su primera edición se había publicado en el libro “Emperador de la China”, con otro título y narrado por otro testigo quien recrimina a la protagonista haber salido esa tarde sin los anteojos. En una versión mejorada del cuento. Ángel María Vargas tuvo la oportunidad en vida de poder reeditar uno de sus cuentos para un público mucho mayor y no perdió la oportunidad de mejorarlo con la experiencia que le dieron treinta dos años más de maduración como escritor.