CURIOSIDADES DEL CONGRESO DE TUCUMÁN

08/12/2015

Autor: Miguel Bravo Tedin
En el Bicentenario de la Independencia de la Argentina Historia

MIGUEL BRAVO TEDIN CURIOSIDADES DEL CONGRESO DE TUCUMÁN EXPLICANDO Esta mirada sobre el Congreso de Tucumán no pretende ni busca en absoluto reiterar estudios ya realizados por decenas de historiadores, especialistas constitucionales y demás pues en este sentido la cosecha ha sido bien cuantiosa. Lo que hemos intentado expresar es una visión distinta sobre este Congreso de Tucumán y hemos tenido en cuenta cuestiones que para la mayoría no tuvieron mayor relevancia o poca pero que nos dan una perspectiva más humana, más cotidiana y hasta podríamos calificar de pueblerina. Por ello hemos entresacado de las sesiones secretas, de las ordinarias y extraordinarias aquellas cuestiones que nos parecían más explicativas de esa labor medio braceando en el vacío, que durante cuatro años realizó este grupo heterogéneo que llegó a Tucumán y luego fue a Buenos Aires de todos los rincones del extenso y casi deshabitado virreinato del Río de la Plata. Esos representantes de los pueblos que llegaron a Tucumán con grandes ilusiones de contribuir al futuro de las provincias lo hicieron la mayoría carentes hasta de lo más elemental. Mostraron sin embargo dedicación, pasión, desinterés, profundidad en sus conceptos y en sus ideas o desvaríos y extravíos en la maraña de los tiempos críticos que eran el marco de unas deliberaciones para nada tranquilas ni desprovistas de hondo dramatismo. Acertaron en muchas decisiones, se extraviaron muchas otras veces pero, pensamos, lo hicieron convencidos que su concurso y su contribución significaban mucho para los pueblos metidos en esa revolución llena de peligros y contradicciones. Mucho lograron, mucho fracasaron pero no podemos olvidar que sobre sus espaldas recayeron decenas y decenas de reclamos, de consultas, de actitudes que mostraron que más allá de declarar la independencia y hacer una Constitución tuvieron que meter mano en infinidad de cuestiones algunas baladíes, otras de singular importancia. Lo que hemos tratado de significar es la serie de aspectos algunos graciosos, otros trágicos y todos muy humanos que marcaron una de las épocas más álgidas y dramáticas de la Revolución de Mayo. Para los pueblos el Congreso de Tucumán tiene una profunda importancia, pues fue el hecho que unió en una misma labor a todos los pueblos convocados. No se pretenda ver aquí ni un estudio constitucional ni nada que se le parezca, es simplemente una visión que pretende ser distinta de ésta magna convocatoria. MIGUEL BRAVO TEDIN CURIOSIDADES DEL CONGRESO DE TUCUMÁN El nombre real fue Congreso Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, luego se conocería como el Congreso de Tucumán. Duró 4 años en verdad, en Tucumán estuvo sesionando un año y los tres siguientes lo haría en Buenos Aires. El Redactor al hablar de la instalación del Congreso el 24 de marzo del 16 dice en una forma extensa y muy solemne, muy al estilo de la época “El Congreso Soberano de las Provincias Unidas del Río de la Plata, la esperanza de los pueblos libres, que es en el día el interesante objeto de la expectación común se ha instalado al fin en la benemérita ciudad de San Miguel de Tucumán del modo que permiten las criticas circunstancias, a que nos han reducido los contrastes, e infortunios de una guerra obstinada el día 24 del mes de marzo, y publicado solemnemente su instalación el 25 de este presente año de 1816, que se consagra nuestra madre la Iglesia a la memoria del adorable misterio de la Encarnación del Hijo de Dios”. En la larguísima crónica adobada con ditirambos y exaltaciones patrióticas se habla de la solemne apertura de la elección como presidente provisorio del Dr. Pedro Medrano y una serie de actos con misas, Tedeum etc, etc. Dirá más adelante El Redactor: “Se ha deseado vivamente para la instalación del Soberano Congreso la reunión de los representantes de todos los pueblos de la comprehensión de las Provincias Unidas; y habrían concurrido efectivamente si libres aquellas del opresor de sus justos derechos hubieran podido elegirlos. Pero los que se han reunido, y que componen las dos terceras partes de los nombrados han querido instalarlo sin perdida de momentos, así para ocurrir del modo que esté a sus alcances a los inminentes males que amenaza el retardarlo, como para llenar los votos de los pueblos libres que miran en el congreso de sus representantes el único asilo que les queda, la única sagrada ancora de que asirse en el naufragio en que ven expuesta su libertad y el interés común de salvarse a toda costa”. Y sigue El Redactor perorando pero lo que no aclara es que muchos de los que no estuvieron presentes se debió más que todo a la falta de recursos para cubrir los mínimos gastos de los diputados. Y acá vemos una de las constantes más notorias de éste congreso y es a lo largo de su funcionamiento el persistente clamor por la falta de medios. Cada erogación de cualquier tipo fue motivo de muchas discusiones y propuestas para ver de solucionar las graves carencias. Y acá podríamos recordar aquellas frases del tango “¿Donde hay un mango viejo Gómez? Los han limpiado con piedra pómez” Y algunos conceptos mostraban esta apremiante carencia. “Nada omitirá el Soberano Congreso de cuanto deba sacrificar en obsequio de un fin tan santo y justo, sabrá sobreponerse a todas las dificultades, arrostrar todos los peligros, desvanecer todos los proyectos de oposición que forme la equidad, desentenderse de las frivolidades que produce la ignorancia, allanar los inconvenientes del presente, la complicación de los negocios públicos, abrirse senda por el implicado campo de mutas rivalidades y sacar de los mismos males todo el bien que esté a los alcances de su ilustración y buenos deseos”. Y después de tan larga introducción comenzaron las sesiones. La primera de ellas el 24 de marzo y el amplio tema de discusión fue la fórmula del juramento que debían prestar los representantes de los pueblos que así decían: “¿Juráis a Dios nuestro Señor y prometéis a la Patria conservar y defender la religión Católica Apostólica Romana? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometer a la Patria defender el territorio de las provincias unidas promoviendo todos los medios importantes a conservar su integridad contra toda invasión enemiga? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometer a la Patria desempeñar fiel y legalmente los demás deberes anexos al cargo de diputados al soberano congreso para que habéis sido nombrado?”. Y como la cosa iba en serio y muy solemnemente se expidió el primer decreto comunicando la constitución del congreso “y queda en aptitud de exprimir la voluntad de los pueblos que lo forman”. Si algo se caracterizó éste congreso fue que exprimió más que la voluntad los bolsillos de los pueblos de aquellos tiempos. Se nombró presidente provisorio a Pedro Medrano y a José Mariano Serrano, secretario. El 25 de marzo siguieron las actividades protocolarias de las autoridades civiles y religiosas todas las cuales juraron lealtad, y luego se pasó al reconocimiento de las actas y poderes de los diputados. Comenzó con los representantes de Buenos Aires aprobados plenamente los que presentaron los diputados Serrano y Malavia por Charcas. El 26 se aprobaron los poderes de los diputados de Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca y se leyeron los poderes del diputado de Mizque. Las que no fueron aprobadas fueron las actas de los dos diputados de Tucumán, pues el ayuntamiento de aquella ciudad protestaba de la nulidad de los mismos, y aquí comenzaron la larga e interminable serie de nombramiento de comisiones, la primera de las cuales se refirió a esta cuestión. En la sesión del 27 se promovió la acción que debía desarrollar el Congreso teniendo en cuenta los graves enfrentamientos entre el general Rondeau y el gobernador Martín Güemes “que pusieron a aquel pueblo en la mayor consternación” y algo que era necesario discutir sobre el necesario y fundamental fuero que tenían que tener los diputados que los pusiese a cubierto de la malicia y torcidas intenciones en lo sucesivo y así fue como se declaró y sancionó la completa libertad de los diputados en la expresión de sus opiniones en el Congreso e inmunidad de sus personas fuera de él, en fin, el Congreso se protegía de futuros cuestionamientos, y si bien se había convocado para dos objetivos fundamentales: declarar la independencia y sancionar una constitución de entrada, nomás, tuvo que enfocarse tal como se señala en la sesión del día 28 de marzo a otros problemas como era pacificar la crisis de Salta y tratar cuestiones de otra índole como la que presentaron los oficiales Oyuela y Benítez implorando indulto en favor de dos desertores de su cuerpo. “Nada hay mas análogo a los sentimientos del soberano congreso que la ternura y piedad con los miserables. Se determino pues serian comprehendidos en el indulto general que al mismo efecto debía expedirse”. Términos bastante curiosos como el de ternura y calificar a los desertores como miserables. El 29 se entró a discutir como se reglamentaria la discusión de las materias por el respeto y decoro debidos al congreso y se determinó formar un reglamento de debates al que se ajustasen los diputados. Se discutió luego cómo se elegiría al presidente de la asamblea y el diputado Corro mocionó para que se sacara en suerte una provincia de cuyo número de diputados se eligiese por votos el presidente. Medrano continuaría hasta el 1 de mayo y que las actas y decretos fuesen firmados por el solo presidente y uno de los secretarios. Se nombró un vicepresidente por unanimidad al Dr. Pedro Ignacio de Rivera y como no había un peso para empezar a funcionar y se necesitaba ordenar las oficinas de secretaria se resolvió librar contra las cajas generales de Buenos Aires la cantidad de 2500 pesos, “a favor del sujeto que aquí los entregase con la precisa condición de poner en el libramiento: con calidad de reintegro en su caso”. La plata la puso el ciudadano Juan Manuel Alzaga que recibió el libramiento acordado, seguramente este incauto pero patriótico ciudadano, recibió en esa oportunidad como correspondía a la solemnidad del caso un documento muy bien redactado que, por supuesto nunca cobraría. En la sesión del 30 se trató que en el congreso se había admitido algunos diputados de provincias que ocupadas por el enemigo no pudieron facilitarle los gastos y así se resolvió que los subviniera provisionalmente y se les asignase cien pesos mensuales a cada uno. Y cómo consecuencia se nombraron dos comisiones para estudiar como recolectar fondos para pagar dichos gastos y para ver el tema de sueldos y gastos de secretaria. De entrada nomás el tema económico ocupó la mayor y casi única atención del Congreso. Y en la sesión del 1 de abril se trató la renuncia de uno de los diputados de Tucumán que fueron los que más problemas trajeron a la hora de aceptar sus diplomas, pues en un principio se los rechazó a pedido del ayuntamiento de esa ciudad y luego se debió elegir otros. Los que vinieron en pampa y la vía fueron los tres diputados del Alto Perú a los que se les asignó un sueldo provisional y anticipado de trescientos pesos a cada uno. También se comentó con cierto regocijo que habían cesado los disturbios y desavenencias entre Rondeau y Güemes, lo que dio motivo a una empalagosa proclama que decía: “cooperando de este modo a la consolidación de unos tratados de paz y unión tan importantes y de primera necesidad entre unos jefes a quienes no deben animar otras miras que la felicidad del país, la libertad de las Provincias Unidas y el sobreponerse a un enemigo que hallará en sus rivalidades el más poderosos apoyo para sus puntos” y diciendo finalizaba esta expresión de deseos solemnes y engolados “Americanos: en unión seremos invencibles, divididos seremos presos del primero que quiera subyugarnos”. Y como siempre nos hemos sentido que el mundo nos miraba también aquella asamblea, expresó: “La visual de todos los puntos del globo se dirige hacia nosotros. Somos el objeto de la expectación común. Esperan heroicidades de unos pueblos dignamente empeñados en sacudir el degradante yugo de una dominación extraña y respirar aire libre”. Como vemos ya desde lejos teníamos la equivocada visión de que el mundo nos miraba atentamente cosa que no era cierto ni en aquellos tiempos, ni hoy, pero que demostraban esos exaltados autoelogios el entusiasmo y la credulidad de los diputados del Congreso de Tucumán. El 1 de abril ya había reglamentado los debates o mejor dicho copiado los de una anterior asamblea con ciertas modificaciones. El 2 de abril se trató del indulto a desertores y demás reos en obsequio de la instalación del Soberano Congreso. El problema de la deserción era realmente grave pues, desertaron tropas del ejército del norte, desertarían soldados del ejército de los Andes así hasta el infinito. Se trató la idea de un impuesto general, “insensible por su pequeñez para formar un fondo con que subvenir a las escaseces de los diputados de los pueblos ocupados por el enemigo y otras urgencias del soberano congreso”. La comisión que estudió el tema opinó que no podía pues se trataba de un medio violento y más tratándose de pueblos oprimidos con reiteradas contribuciones y que el solo nombre de impuesto era odioso y detestable. El día 4 de abril el Cabildo de Santiago del Estero se anoticiaba de la invitación a mandar diputados. Como vemos los santiagueños desde hace mucho mostraban su curiosa y lenta diligencia. En ese día el Congreso decretó con motivo de su instalación un indulto general a todos los reos presos en cárceles y otros parajes de las Provincias Unidas que no era deserción solamente ante el enemigo sino de todo tipo, debían presentarse en un término de no mayor de un mes, y no se perdonaba los delitos contra la religión o que hubieran sido agravios a terceros, el de lesa patria, el de falsa moneda, el de cohecho, el de retención de los propios del pueblo, de hacienda, de hurto, etc, etc, etc. Así que el pomposo título de indulto general era más bien una exageración. El 6 de abril se trató de la remisión de un diputado a Salta para calmar las diferencias entre jefes del ejército y de la provincia y es que este tema casi desemboca en una verdadera batalla entre Rondeau y Güemes que no se llevó a cabo por los buenos oficios de Macacha Güemes que calmó los ánimos. Muchas de las discusiones de esta asamblea ya desde las primeras sesiones eran motivadas por cuestiones de forma, de prestigio, de no saber como llevar a cabo elecciones de representantes, etc, etc. Quizá una sesión un poco más elevada de tono fue la del día 8, día que estaba destinado por la justicia “para el castigo de once miserables delinquentes, que en complot con cinco más habían desertado escandalosamente de las banderas de la patria, llevando consigo armas, municiones, con que agravaron su crimen haciendo fuego a una partida que se destacó para apresarlos”. Se vio que ese día la asamblea estaba con buen ánimo y así que varios diputados hablaron para que les conmutaran la pena, y así fue, tres diputados fueron comisionados para hacer conocer el perdón. “Se colocaron previamente en el centro del quadro que había formado la tropa y pasaron orden al comandante por medio de un edecán, para que presentase en aquel punto los reos. Quando estos llegaron escoltados de los executores de la justicia con todo aquel imponente aparato que dicta la severidad de las leyes y haciendo alto se disponían a oír por ultima vez el fallo de su muerte el ciudadano diputado Pueyrredón fixó la atención del pueblo y con voz perceptible de todos dixo: el Soberano Congreso en honor de su instalación gloriosa perdona a estos miserables reos. Perdón, perdón y viva la patria! Y sigue luego los comentarios tiernos y dramáticos de la reacción de los reos, de las lágrimas que derramaron todos con profusión y hasta se comentó que las mismas también corrían a raudales por “el macilento rostro de los ya felices delincuentes”... “Se arrojaron estos luego a los pies de sus libertadores y bendixeron a gritos la mano liberal que se había extendido a salvarlos”. Se los liberó, se les devolvió las armas y se los ubicó entre las tropas y siguieron y siguieron las manifestaciones de alegría. El día 9 de abril como los tucumanos todavía no habían realizado la correcta elección de sus diputados se resolvió intervenir para que esto se solucionara, y luego como reiterada muletilla se discutió el pedido del gobernador de Tucumán que por falta total de fondos no podía cubrir las necesidades de la tropa al mando del teniente Coronel Silvestre Álvarez y pedía se le facultase para sacar un empréstito de tres mil pesos y por supuesto por unanimidad se aceptó asegurando a los prestamistas su efectivo pago. Y el seguro reintegro a los mismos que el pago se haría por las cajas generales de la capital en el término de cuatro meses. Años duros que obligaban a este tipo de recursos. Córdoba avisaba en esa misma fecha que las partidas del jefe de los orientales (Artigas) habían ocupado Santa Fe interceptando los caminos de la correspondencia de Buenos Aires y como temió el congreso que desembocara la cuestión en un enfrentamiento armado destinó un diputado para que intentase por vías pacificas sofocar aquellas desavenencias. En la sesión extraordinaria del 14 de abril se trató el sórdido tema de cómo podía viajar el diputado designado y además se comunico al Supremo Director interino que al término de su mandato esperara la determinación del congreso de designar al Director definitivo. El congreso el 17 además de recibir comunicaciones de varios orígenes, de Güemes, de Rondeau, etc. era informado por este último que todavía no se había jurado obediencia al congreso por sus tropas por haber marchado la mayor parte de las mismas al interior y Pueyrredón que ya figuraba, movedizo el hombre, en muchas de las gestiones de esos días, que lo llevaría al cargo de Supremo Director, expresó que se previniese a Rondeau que todo lo que ocurriera sucesos prósperos o adversos de su mismo ejército o de los pueblos del interior dignas de llevarse al conocimiento del congreso se las comunicase directamente, sin perjuicio de hacerlo al poder ejecutivo. Un tema importante fue la cuestión suscitada por Artigas en Santa Fe que movió al congreso en su oportunidad a designar al diputado Corro para intervenir y pacificar la región. Las instrucciones estaban pero “que para hacerse efectivo este viaje que instaba en fuerza de las criticas circunstancias que habían executado a tomar esta medida, tropezaba en el terrible obstáculo de no hallar absolutamente un recurso para proporcionarle un viático capaz de sostener en su marcha y en el punto de su destino con el decoro que corresponde al alto carácter que imbestía”. Se discutió acaloradamente que había que imponer a los pueblos todos una contribución que facilitase las grandes medidas que urgían. El cúmulo de desgracias, que según los diputados se habían sentido en las jornadas del interior y la falta de rapidez en solucionar las cuestiones. “Que esta era la causa de que en los contrastes pasados hubiésemos necesitado el transcurso de años enteros para poder restablecernos, al paso que el enemigo recuperaba en pocos meses el territorio que perdía que nunca más que la presente se necesitaba esta rapidez”. El diputado Serrano pidió que se retirara la barra y expresó: “No se les oculta que los nombres, pecho, (mangazo), contribución, impuesto, ennegrece ya las páginas del gran libro del destino en que está escrita vuestra suerte…” en fin no sabían cómo encontrar los mínimos recursos para seguir en sus tareas y por ello las largas y encomiosas frases halagando a los pueblos para que largaran la plata. Y terminaba tanto elogio y desmesuradas muestras de consideración a los sacrificios del pueblo expresando: “están penetrados de su rectitud y de su generosidad de vuestras intenciones se lisonjeaba que una erogación libre y espontánea prevendrá quizá de vuestra parte la necesidad de un impuesto La libertad, la sagrada libertad se compra a todo precio”. En fin, que los congresistas pensaban que el pueblo sería más generoso si su contribución lo hiciera voluntariamente aunque la verdad, creemos, mostraba que por más voluntad o por más imperiosa imposición poco le quedaba al pueblo en su ya para entonces exhaustos bolsillos. El día 20 los santiagueños bastante parsimoniosos comunicaban la designación de sus dos diputados: y como no podía ser menos el gobernador tucumano solicitaba al congreso los libramientos de tres mil pesos para el batallón número 10. Fueron muchos, muchísimos los incautos prestamistas que creyendo hacer un moderado negocio de usura terminaron con seguridad quemando año después los susodichos libramientos. Pueyrredón que figura en estas primeras sesiones del congreso presentando muchas sugerencias y mociones lo que seguramente poco tiempo después lo llevaría a su designación como Supremo Director, mocionó “para que se exigiese para las ocurrencia y gastos necesarios cantidad de dinero en qualidad de préstamo a los comerciantes europeos de la ciudad de Córdoba, menos grabados que los otros pueblos pudientes con esta especie de erogaciones forzosas “el congreso adoptó la medida y mandó comunicar al gobernador de Córdoba que exigiese a los comerciantes europeos de aquella ciudad y su campaña la cantidad de cuarenta mil pesos “con la condición precisa de reintegro en mejorando las circunstancias y después de un año de restablecida la paz general del país. Y en caso de no poderse verificar este pago por la estrecha situación del Erario hacerles efectivo desde entonces el de los intereses correspondientes”. En realidad todo señalaba que la propuesta de Pueyrredón asumida por el congreso no pasaba de ser sino un engaña bobos porque la paz de ser esa la condición para que corrieran los términos del pago estaba allá lejos, muy lejos. El 22 se hablaba de los trabajos de la junta reformadora del estatuto provisional protestando que el gobierno y el pueblo esperan “la deliberación Soberana para fixar su conducta en tan importante materia”. El diputado Sáenz dijo que “convencido desde luego de la necesidad de dar al Estado un Supremo Director que rigiese en propiedad los pueblos, hizo moción para que se procediese a formar el reglamento que debía dársele” designando la consabida comisión. El 23 Castro Barros denunciaba el “escandaloso movimiento que el día 14 y 15 del corriente había hecho en aquel pueblo “La Rioja” el oficial Caparros encargado de la instrucción militar de un cuerpo que allí se formaba sobornado al efecto y se sabe por quien; de que resultó la variación de Gobierno, Cabildo y empleados quienes con otros vecinos quedaban en arresto e incomunicados” y pedía que el congreso interviniese y este así lo hizo y unánimemente designo al teniente coronel Alejandro Heredia para que marchara a La Rioja. El 26 se decidió que sin esperar los resultados de la comisión encargada de formar el reglamento provisional para orientar al Director del Estado procediéndose al nombramiento de la autoridad suprema comunicando de forma urgente a los diputados que venían en camino de la provincia de Salta y otros que se encontrasen en el interior para que apurasen su incorporación al congreso y se nombrase al Supremo Director. Y como eran muchos y distintos los motivos de preocupación por la agitación en La Rioja, en Santa Fe y otras partes se decía: ¿No vendrán alguna vez en nuestro auxilio el juicio y la razón?”. El ejército del Perú desde Jujuy comunicaba al congreso las miserias y necesidades de sus tropas y las grandes dificultades de obtener empréstitos por las tardanzas de cubrir los libramientos. El 27 se consideró dadas las penurias extremas que se exigiera de todos los pueblos el estado exacto de sus rentas, ingresos, existencias, inversiones, deudas, etc, etc. para formar un claro juicio de esa cuestión. Y el segundo tema era la exigencia de un empréstito forzoso a los europeos de Tucumán. El gobernador de Córdoba comunicaba “los males y perjuicios que causan el considerable número de prisioneros confinados, y esparcidos en diferentes puntos de aquella provincia, sin auxilios con que ocurrir a su subsistencia y de la necesidad de grabar los pobres habitantes de su vecindario y campaña”. Y agregaba algo realmente curioso: “los daños que obran por su maligna sugestión dichos prisioneros, especialmente en los ignorantes y sencillos habitantes de la campaña. El diputado Serrano previno la resolución en la materia, exponiendo que ella pedía más detenido examen para tomar un corte, que no expusiese a nuestros prisioneros en poder del enemigo a tratamiento mas duros que empeorase su miserable suerte”. En una palabra tratar mal a los prisioneros españoles tendría sin duda malas consecuencias a los prisioneros de la patria en manos de los godos. El día 30 comunicaba el nuevo cabildo de La Rioja las quejas contra el gobernador depuesto y hablaba de opresión y tiranía en el tiempo de su mando y disculpaba la chirinada de Caparros y la anulación del diputado Castro. Quien habló de su voluntad de separarse del congreso si el mismo lo estimase oportuno pero unánimemente se desechó tal cuestión. Y se habló de la necesidad de pacificar a los riojanos. El 2 de mayo se nombra presidente a Pedro Ignacio Castro diputado por La Rioja y vicepresidente a Estevan Agustín Gascon. En esta sesión se abrieron los pliegos del supremo director Coronel Mayor Ignacio Álvarez, donde expresaba haber jurado en homenaje a la autoridad del congreso e inmediatamente abdicado del mando supremo. El 3 de mayo Juan Martín de Pueyrredón fue elegido Supremo Director: “El Redactor” del Congreso fue una publicación que espaciadamente comentaba lo que sucedía en dicha asamblea pero dando además sus opiniones sobre cuestiones atinentes a las discusiones y tópicos que se trataban. Así el día 8 de mayo, se publica “Reflexiones de El Redactor sobre el despotismo del gobierno monárquico y la obra del Congreso contra la anarquía”. Citamos estas reflexiones porque del vamos fue una constante durante los cuatro años de existencia qué régimen de gobierno establecería el Congreso de Tucumán y es que todo estaba por inventarse: “La ambición desmedida mudó lastimosamente la idea del gobierno monárquico en tiranía, y debiendo el que nace rey proveer á todos, sólo quiere ser proveído y servido de todos; su administraciones declinó á veces en despotismo absoluto, el respeto real en idolatría, y la regalía se desvaneció en humos de divinidad. Qué avanzan los pueblos con sacudir el yugo opresor de un déspota, si van á caer en manos de otros tantos, quantos abusan de la libertad sin ley, y en consecuencia sin límites, que traten de dominarlos? ¿Ignoran que esta es la aspiración del común de los hombres? ¿Se les oculta que roto el freno de una obediencia reglada, cada uno se piensa acreedor al mando que en otros abomina? Pueblos! Ciudadanos! Rasgad de una vez el denso velo que os ofusca esta verdad. Cada uno quisiera ser independiente, y todos apetecen ser reyes después que se desvaneció el proyecto de ser Dioses. Esta es la fuente de todas las turbaciones, de las revoluciones frecuentes, de la desolación en fin, y ruina de los imperios. ¿Y sufriréis que cunda entre vosotros, quando tratáis de aniquilar la hidra del despotismo? Esta sería la mayor y el colmo de vuestras desventuras. El soberano congreso, depositario fiel de vuestros derechos, no permitirá se disloquen de un modo tan espantoso. El sabe y sabéis vosotros que entre obedecer á un déspota y obedecer á la ley hay una distancia inmensa: que como no se puede vivir en sociedad en ley, tampoco sin obediencia: y que roto este orden social, en seguida se disolverán los pueblos. No debéis pues extrañar que, ocupado en poner diques al torrente de males que presiente, se contraiga á mil ocurrencias, que traen su origen de aquel funesto principio, y que aun retarde el entrar al fondo del gran negocio, que principalmente reúne á vuestros representantes. Fue constante en estos años que el congreso se convirtiera en una suerte de caja de resonancia de una infinidad de cuestiones, de requerimientos, de renuncias a cargos en los distintos gobiernos provinciales entendiendo además en cuestiones de la guerra, de las invasiones de los españoles a las provincias del norte, etc, etc. Es constante la cuestión económica que afectaba la marcha revolucionaria. La carencia de recursos llegaba al extremo de que varios diputados de distintas provincias no podían llegar a Tucumán e integrarse al Congreso. En la sesión extraordinaria del 26 de mayo y en “El Redactor” se expuso una serie de cuestiones para las discusiones y deliberaciones del congreso presentadas por varios diputados. Se habló de la necesidad de publicar un manifiesto exponiendo a las provincias los espantosos males que han causado las disensiones de los pueblos, la inminencia de los riesgos y peligros y la necesidad de la más estrecha unión y de sancionar un decreto general con fuertes penas contra aquellos que atentaran y desobedecieran a las autoridades. La necesidad de declarar las facultades del Soberano Congreso y tiempo de duración; discusiones sobre la declaración solemne “de nuestra independencia política” y el manifiesto de dicha declaración. Una cuestión que preocupó durante mucho tiempo y fue motivo de sesiones secretas fue la de establecer “que forma de gobierno sea más adaptable a nuestro actual estado, y más conveniente para hacer prosperar las provincias unidas”, se hablaba entre otros muchos temas de un proyecto de constitución, recursos permanentes para sostener la guerra, arreglo del sistema militar que reúna a todas las fuerzas, arreglo de la marina, de las rentas generales del Estado, establecimiento de una casa de moneda en Córdoba; cuestiones sobre educación, ciencias, artes, minería, agricultura, caminos; demarcación de territorio, creación de ciudades y villas, repartimiento de terrenos baldíos y cientos temas más. Es de destacar a todo lo largo de las sesiones en estos cuatro años la profundidad, la seriedad de las discusiones, el respeto que se tenían los diputados, conscientes de las profundas responsabilidades que habían asumido. No se detecta en general en una lectura minuciosa muy pocos actos de soberbia, desplantes, egoísmos y las mil y una facetas que pueden surgir como motivos de malentendidos y discusiones en una asamblea a la que concurrían como nunca antes había ocurrido representantes del gigantesco virreynato del Río de la Plata desde los más lejanos rincones del Alto Perú hasta las regiones de Cuyo, Córdoba y Buenos Aires. Y si bien escarbamos subjetivamente y como al azar metiéndonos en algunas cuestiones que nos parecían más paradigmáticas no es ocioso recordar que se nota ésta preocupación por llevar a cabo y con el concurso de todos la difícil tarea de una asamblea multitudinaria que no tenía antecedente alguno. Y es que la libertad y la independencia fueron ganadas con pequeñas y muy bien pensadas medidas. El 28 de junio se discute sobre pactos interprovinciales anteriores a la Constitución del Congreso: “siguió luego un corto debate sobre el objeto de la primer comisión propuesta por el diputado presidente con motivo de que preguntando el secretario diputado Passo, a qué se terminaban los pactos de provincia de que se trataba, y respondiendo el diputado Gazcon que conforme al espíritu de la nota e intención de los que la formaron dichos pactos debían ser: (a lo menos por ahora) solo preliminares a la Constitución, generales y dirigidos a consolidar la unión y promover la defensa y felicidad común, sin extenderse a los demás que tuviesen por convenientes las provincias, los que debían precisamente tomar su ser y entidad de la forma de gobierno que se adoptase”. En esta sesión el Supremo Director tomando el asiento que se le designó a la diestra del Presidente del Congreso Soberano, pidió sesión secreta para evacuar el informe que había prometido de los resultados y pormenores de su viaje al ejercito y a Salta. Se iniciaban así esta costumbre de las sesiones secretas. El Redactor en esas fechas realizó una serie de reflexiones en torno a la unión de los pueblos. De la larga perorata rescatamos: “al observar las ocurrencias imprevistas que desgraciadamente se agolpan, se ve tentado a pensar que han tomado una buena dosis de este licor activo. En tal caso, pregunta a los ciudadanos de las Provincias Unidas ¿Qué hemos avanzado con la declaración autentica de nuestra independencia del antiguo despotismo? Nada otra cosa que abrir las puertas a mayores y más sensibles desgracias: porque después de un millar de sacrificios, relativos al logro de una libertad hasta ahora fugitiva, caeremos en una servidumbre mil veces más opresiva que aquella de cuyo rigor pretendemos libertarnos por la carrera de vergonzosos crímenes. El primero de julio el congreso designó presidente y vicepresidente a Francisco Narciso Laprida de Cuyo y al doctor Mariano Boedo de Salta, inmediatamente Laprida pidió que se debía resolver el reglamento que debía darse al Supremo Director del Estado y como siempre para que la cosa fuese más lenta se nombró una comisión revisora. El gobernador eclesiástico de Córdoba presentó una nota pidiendo clemencia en favor de los prófugos de La Rioja, es decir de la revolución que se produjo no bien comenzó el congreso. En las sesiones de los días 3, 4 y 5 de Julio se discutía cuestiones que debían ser sancionadas, “la principal era la declaración de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata de la dominación española, suspirado objeto de los ardientes votos de todos su habitantes”. Lo que es constante en estas sesiones es la discusión muy agitada y permanente de puntos aparentemente poco relevantes pero que al discutirse tan acaloradamente mostraban por parte de los diputados una suerte de amor al celo, el pundonor y otras zarandajas. Suponemos que tanto esmero en temas tan poco relevantes mostraba la fuerte influencia de la verborragia española. El 6 de julio en sesión secreta Manuel Belgrano a su regreso de su misión diplomática, habló sobre el estado actual de Europa ideas que reinaban en ella, lo que pensaban en la revolución de las Provincias Unidas y las expectativas que podían tener estas de su protección. Belgrano fue muy claro, dijo que aunque la Revolución de América había sido bien recibida en Europa, el desorden anarquía continuada en mucho tiempo obstaculizada la protección de aquellos poderes debiendo contar únicamente con “nuestras propias fuerzas”. Dijo luego que todo había cambiado y que se trataba en el día “de monarquizarlo todo” que Inglaterra con su constitución de monarquía temperada había estimulado a las demás a seguir su ejemplo. En la tercera parte de su exposición según Belgrano “la forma de gobierno más conveniente para estas provincias seria la de una monarquía temperada llamando la dinastía de los Incas por la justicia de restituir a la misma despojada inicuamente del trono”. En el cuarto punto Belgrano expresó que el poder de España era demasiado débil e impotente por la ruina en general a que la habían reducido las armas francesas y la poca probabilidad de que Inglaterra le auxiliase para subyugarnos. Y sobre el último punto de la venida de tropas portuguesas al Brasil era precaver la infección del territorio del Brasil y que el rey don Juan era sumamente pacifico y enemigo de conquistas, que las Provincias Unidas no debían temer. Y llegó el 9 de julio “Este fue el día memorable destinado por la providencia para romper las cadenas que vergonzosamente nos ligaban al carro de la despótica dominación europea”. Queda expuesto en el número 6 de “El Redactor” el modo con que se expidió el Soberano Congreso en la declaración autentica de la independencia política de esta parte de la América del Sud, y las circunstancias gloriosas que se agolparon para llevar al cabo esta resolución, que esperaban con ansias los pueblos de las Provincias Unidas. No puede recordarse un momento este extraordinario suceso sin que se apoderen del corazón las más dulces emociones de ternura y de gozo. Desde este día los hombres, libres ya de los grillos y cadenas que abrumaban su cuerpo y aun su espíritu, sorprendidos con la extrañeza de su nuevo estado se preguntan mutuamente como para asegurarse de su dicha: con qué es verdad que somos libres? Ah! Que cosa pudo sobrevenirnos mas interesante y lisonjera? Si tiempos atrás algún sabio, preciado de político, hubiera anunciado posible este raro acontecimiento, habrá sido escuchado como un fabulista aventurero, o un soñador antojadizo. Pero lo redimirían de esta nota los estudiosos autores de la Enciclopedia, que al fin del artículo, España (Espagne) no dudaron poner la independencia de América dentro del círculo del poder de la fortuna, y sujeta al capricho de los hombres. Son notables sus palabras. “Sería sin duda, dicen, un suceso bien singular, si la América viniera a sacudir el yugo de España; y si por entonces un hábil gobernador de las Indias, abrazando el partido de los americanos les sostuviera con todas sus fuerzas y talentos, sus tierras producirían bien presto nuestros frutos; y no teniendo sus habitantes mas necesidad de nuestras mercancías, ni de nuestro comercio, nosotros caeríamos dentro de poco en el mismo estado de necesidad, en que estábamos quatro siglos ha. La España, yo lo confieso, parece que se halla á cubierto de esta revolución: pero el imperio de la fortuna es muy extenso: ¿y la prudencia de los hombres puede lisonjearse de preveer y vencer todos sus caprichos? Si este pudo ser un pronóstico, el hecho lo ha acreditado, y en nosotros está el proporcionarnos la posesión pacifica de los bienes que anuncia. Unión, americanos; no perdamos por nuestras discordias esta preciosa joya que nos vino de lo alto”. Inmediatamente de declarada la independencia en “El Redactor” se publicaba un largo artículo de opinión o de reflexión en el que hablaba del gobierno que tendría que adoptarse. Y decía: “Es forzoso darles una forma de gobierno que poniéndolos a cubierto de los resabios del antiguo que han sufrido, los precava también de los males a que conduce una libertad indócil, que no sufre el freno de la ley y mira con seño el dictamen reglado de la razón”. Y se ponía el autor a divagar sobre cómo podría ser esa forma de gobierno y hablaba que no había que copiar sino buscar “el mejor gobierno para los pueblos es el que se acomoda a su carácter, a sus intereses, al clima que habitan, a sus habitudes convertidas en principios y a una multitud de circunstancia que le son particulares” y decía más adelante que el gobierno a preferirse sería aquel “en que las propiedades son mejor protegidas en que cada particular puede exercer con más paz y quietud su industria y talentos, disfrutando de sus bienes con menos temor en que las barreras contra la opresión son mas fuertes e impenetrables”. Vemos que esta cuestión de qué gobierno se tendría fue una significativa obsesión de antes mismo que se declarase la independencia y duró hasta la última sesión secreta a fines del 19. El 12 de julio el presidente de la Asamblea luego de aprobada el acta especial de la independencia propuso se abriese el sello propio y peculiar del Soberano Congreso. El diputado Bustamante observó que no podría hacerse eso puesto que no había consenso en cuanto el gobierno que se tendría. Azevedo dijo que había que dar principio “a las discusiones sobre el más interesante punto de quantos pueden ofrecerse al Soberano Congreso, y hizo moción para que desde los primeros momentos en que fuese posible, se empezase a discutir la forma de gobierno que debía adoptarse, expresando por su parte que esta fuese la monárquica temperada en la dinastía de los Incas y sus legítimos sucesores” siendo sede del gobierno el Cuzco. Se iniciaba de esta forma una larga y discutida cuestión que llevaría a una serie de idas y venidas, discusiones y disparatadas cuestiones. El Supremo Director Pueyrredón dijo que cual sería el reglamento al que debería ajustarse y se le respondió que el antiguo. El 15 de julio no más comenzada la sesión un ciudadano gravemente herido se había hecho conducir hasta la casa de la soberanía, solicitando se le permitiese presentar un memorial. Denunció “un violento atropello por parte de un militar que además de reñirlo de palabras lo maltrató con la espada, lo condujo preso a su quartel y le hizo propinar cien azotes”. Todo pasó a estudio. Como éste son incontables los casos de todo tipo que el Congreso de Tucumán tuvo que discutir y decidir y podemos afirmar que durante todos los años de existencia este congreso se convirtió en un verdadero “paño de lágrimas”. Pero el congreso en esta sesión volvió a su objetivo fundamental, es decir la forma de gobierno que debía adoptarse. El diputado Oro dijo que era preciso consultar previamente a los pueblos y lo único que se podía hacer era dar un reglamento provisional. “Y que en caso de procederse sin aquel requisito a adoptar el sistema monárquico constitucional, a que veía inclinados los votos de los representantes, se le permitiese retirarse del Congreso declarando ante quien debía verificar la renuncia de su empleo”. Fue Oro sin duda el primero (después, bastante después, seguirían varios) que se opuso abiertamente y con firmeza a la idea de instituir un gobierno monárquico diciendo que sino se consultaba al pueblo él se marcharía. Fue continuo también como lo demostraría otra posterior sesión la implementación de un pomposo ceremonial en el que los diputados y las autoridades juraban y perjuraban su adhesión a la independencia siendo los primeros los integrantes del congreso y luego una larga ristra de obispos, prelados seculares, eclesiásticos, monjas, etc. El día 19 fue el tema de cuál sería la forma de gobierno. “Esta sesión destinada para tratar sobre la forma de gobierno que debía adoptar el país, empezó a petición del diputado Medrano, por la declaración del orden (de las tres designadas á las materias que se tratan en Congreso) á que correspondía la presente; y resuelto que al primero, en que para haber sanción se necesita un voto sobre dos terceras partes de sala plena, pidió la palabra el diputado Serrano, y habiendo analizado las ventajas é inconvenientes de un gobierno federal, que aseguró había deseado para estas provincias, creyéndole el mas á propósito para su felicidad y progresos, añadió que en la actualidad, después de una seria reflexión sobre las circunstancias del país, la necesidad del orden y la unión, la rápida execucion de las providencias de la autoridad que presida la nación, y otras consideraciones, creía conveniente la monarquía temperada, que conciliando la libertad de los ciudadanos y el goce de los derechos principales que se reclaman por los hombres en todo país libre con la salvación del territorio en lo lamentable de la presente crisis, traía envuelta en sí una medida convenientísima al mismo objeto, que expondría oportunamente; todo lo que apoyó en varios fundamentos. El señor Azevedo renovó su moción para que se adoptase la forma monárquica en la dinastía de los Incas, dando los fundamentos en que estribaba su modo de pensar; al que accedió el diputado Pacheco. Se trató la materia con ardor y quedó en suspenso para continuarla en las ulteriores sesiones. Ella es de las mayores que pueden presentarse á discusión, y de que depende radicalmente la felicidad del país. No debe extrañarse la detención circunspecta en un punto de tamaña gravedad”. Sesiones secretas subsiguientes trataban de temas de poco interés pero el 19 de Julio en sesión secreta se estableció que dado que se debía pasar al ejército el Acta de Independencia y la formula del juramento de ella después de las expresiones “sus subcesores y Metrópoli se agregase y de toda otra dominación extranjera”. Pues de esta manera de sofocaría “el rumor esparcido por ciertos hombres malignos de que el Director del Estado, el general Belgrano y aun algunos individuos del Soberano Congreso alimentavan ideas de entregar el país a los portugueses”. Era cuestión en esos días parece que importante los enfrentamientos entre Rondeau y Belgrano algo que preocupaba a los congresistas. El 20 de Julio el diputado Gazcon dijo que seria oportuno enviar copias del acta a todos los pueblos del continente americano los que se hallaran libres del enemigo incluso Paraguay y Banda Oriental. “Entre tanto el señor presidente expuso a nombre del diputado Oro, que el no asistir éste a las discusiones acerca de la forma de gobierno, era porque las consideraba extemporáneas, y por la necesidad de consultar antes a su pueblo; pero que lo haría siempre que se le ordenase el Soberano Congreso, dándole un documento que acreditase haber sido obligado a concurrir para satisfacer con el a su pueblo comitente” y se le ordenaba a Oro asistir a la sesión. Oro sería el más fervoroso opositor a la idea que sostenían San Martín, Belgrano, Güemes, y la mayoría del congreso y por supuesto infinidad de personas, de implementar un régimen monárquico constitucional, atemperado presidido por la extravagante figura de un descendiente del Inca. Esta fue sin duda una de las más destacadas curiosidades de este congreso. La sesión continuó con la discusión sobre la forma de gobierno unos que expresaban sus dudas sobre la monarquía temperada a pesar de las ventajas o menos inconvenientes que ofrecía con respecto a las demás mientras que otros sostuvieron la positiva conveniencia de ese sistema “y por comparación a los bienes y males que todas ellas respectivamente presentan”. También se anoticiaron de un pliego del Supremo Director de una expedición portuguesa de cinco mil hombres del Janeiro a Santa Catalina que unidos a otros 3000 marcharían sobre Montevideo. El 25 de julio se decretó: “Elevadas las Provincias Unidas en Sud América al rango de una nación, después de la declaratoria solemne de su independencia, será su peculiar distintivo la bandera celeste y blanca de que se ha usado hasta el presente, y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los exercitos, buques y fortalezas, en clase de bandera menor, ínterin, decretada al término de las presentes discusiones la forma de gobierno mas conveniente al territorio, se fixen conforme á ella los jeroglíficos de la bandera nacional mayor”. La curiosidad a destacar es que a pesar que los españoles en su mayoría desde mayo del 1810 habían sido exiliados, puestos en prisión, exacionados en sus bienes para pagar gran parte de los esfuerzos revolucionarios el congreso se convirtió en una perfecta radiografía del espíritu pomposo, ceremonioso hasta lo inconcebible mostrando la herencia del espíritu hispánico. Horas y horas dedicadas a discusiones baladíes o nimias como la medida de la bandera, quienes y cómo jurarían la independencia, todos los estamentos sociales, los cabildos, etc, etc. mientras Salta era invadida por los godos por el norte y por el sur San Martín enfrentaba mil problemas tratando de levantar el ejército siguiendo su plan de invasión a Chile. Por un lado el drama, por el otro la comedia. En Buenos Aires la Junta de Observación y el Ayuntamiento habían defenestrado al Director delegado Balcarce. Esperando el arribo del ya designado Director del Estado Pueyrredón que se encontraba por entonces en Córdoba entrevistándose con San Martín. El 27 de julio Se dio orden para facilitar las dietas de los diputados de Santiago “Acreedores por su silencio y sufrimiento a esta consideración especial. Lo mismo se determinó con el de Jujuy”. El 29 de julio: “se acordó que se previniese al supremo Director del Estado, que de tres mil exemplares que se han mandado imprimir y remitir á esta de la acta de independencia, mil y quinientos se impriman en castellano, mil en quichua y quinientos en aymará, luego que se le remitan traducidas á estos idiomas; á cuyo efecto se comisionó al diputado Serrano”. El 31 de Julio el diputado Castro Barros, “pronunció un prolixo razonamiento a favor del monárquico constitucional, por haber sido el que dio el Señor a su antiguo pueblo. El que Jesucristo instituyó en su iglesia, el más favorable a la conservación y progreso de la religión católica y el menos sujeto a los males políticos que afectan ordinariamente a los otros; sostuvo las ventajas del hereditario sobre el electivo y las razones de política que había para llamar a los Incas al trono de sus mayores despojados de él por la usurpación de los reyes de España”. Mostró el representante riojano estar realmente lejísimo de la participación del pueblo en estas cuestiones. Imponer un Inca, que el trono (no aclaró si de piedra o de madera) debería estar también en el Cuzco. Otros diputados hablaron de la conveniencias y justicia de adoptar la forma monárquica temperada bajo la dinastía de los antiguos Incas. Fue una sesión en la que se reiteró propuestas similares por parte de otros diputados. El 1 de agosto, además de nombrar nuevas autoridades el diputado Miguel del Corro decía en dos oficios desde Santa Fe que Artigas que estaba decidido a enviar diputados no lo hizo por no haberse ratificado los tratados de Santa Fe y los diputados de Buenos Aires regresado a su ciudad y en otro oficio decía que no iba a ir a Paraguay porque lo creyó una cuestión inútil. El 5 de agosto se continuó la discusión sobre la forma de gobierno y el presidente expresó “haciendo mérito del principio de derecho”, que prescribe la destitución al poseedor y dueño de lo que se despojo por violencia deduxo la que a los Incas debía hacérsele de la dominación que se les usurpó por los soberanos de España. El diputado Serrano dijo que no debería diferirse el restablecimiento del trono de los Incas algo similar a lo que el indígena Pumacahua en el Cuzco expresó que esta idea era sostenida y aclamada en aquella ciudad pero se veía que esta propuesta de gobierno tendría sus dificultades de implementación, los inevitables males que debían temerse de la regencia interina; por las crueles divisiones que moverían los pretendientes con el influjo sobre las parcialidades de los naturales; por las dificultades que presentaba la creación de la nobleza o miembros que hubiesen de formar el cuerpo intermediario entre el pueblo y el trono. Es decir, ya comenzaban a ver los prohijadores de esta forma de gobierno que la cosa no iba a ser muy fácil creando entre otros disparates una nobleza que en la Asamblea del año XIII se había resuelto erradicar. Lo que se dice una contradicción absoluta. Y todas estas discusiones se hacían entreveradas con otras de singular insignificancia. El 6 de agosto parecía que comenzaban a soplar aires más republicanos y coherentes. “Se renovó inmediatamente la discusión sobre la forma de gobierno. El señor Anchorena formó un discurso político, exponiendo los inconvenientes del gobierno monárquico haciendo observar las diferencias que caracterizaban los llanos y altos del territorio y el genio, habitudes y costumbres de unos y otros habitantes, decidiéndose por la mayor resistencia de los llanos a la forma monárquica de gobierno y por la imposibilidad moral de conformar a unos y otros baxo la misma forma y gobierno que se adoptase para los de las montañas; concluyendo con que a vista de las dificultades que estas diferencias ofrecen, el único medio capaz de conciliarlas era, en su concepto, el de la federación de provincias. Se detuvo en manifestar la conveniencia de esta forma de gobierno”. Según Anchorena los habitantes de los llanos serían genéticamente republicanos y los de la montaña monárquicos. Un verdadero filósofo de la estupidez y realmente ni él mismo pensamos sabía de dónde había sacado tan estrafalaria conclusión. En otras sesiones descansando los diputados de tan profundas divagaciones sobre la forma de gobierno discutían entre otras cuestiones de interés si había o no que dejarlo en libertad al Obispo de Salta y otras fruslerías. En la publicación “El Redactor” del congreso se hacía una serie de reflexiones en torno a qué gobierno sería el mejor. Y comentaba que unos políticos ven pernicioso el gobierno de uno solo y otros advierten peligros y monstruos de confusión en el régimen de muchos. Esto surge de que no hay gobierno humano que carezca de defecto, “como no hay hombre sin crimen” y sugería que esta verdad, (si verdad podría calificársela) debería “servirnos de freno para no precipitarse en el caos de inmensas discusiones en busca de lo perfecto, hasta quedar indecisos en un punto en el que al fin debe fixarse la opinión pública” y decía algo que nos parece bastante criterioso que la indecisión en adoptar un gobierno impugnándolos a todos mostraba la idea de que no se quería ninguna. Y si pensamos que después de este congreso que cumpliría su principal mandato en larga y tediosa labor como era la de sancionar una constitución que nadie aceptó y todos rechazaron lo de no querer ningún gobierno, en realidad, se comprobaría durante los 30 años subsiguientes y comentaba “El Redactor” que los pueblos, los ciudadanos, los que ponen carteles de su amor a la libertad, mientras muestran sus discordias, sus choques contra el orden terminan de robar al Soberano Congreso muchos esfuerzos que debía destinar al gran objeto de fijar su suerte. Porque de las largas sesiones de este congreso todas plenas de temas insignificantes, tediosos y demás vemos que se constituyó esto en una de sus más notorias y destacadas curiosidades. Los rumores de una posible invasión de los portugueses fue motivo de otra sesión secreta en donde se mostraba que la distancia entre los hechos que sucedían en la Banda Oriental no permitía a los congresistas tomar resoluciones adecuadas y se insistía en el seno del congreso la mayor discreción y sigilo pues cualquier infracción motivaría la expulsión del infidente. En realidad la mayor parte de la sesiones secretas eran no muy distintas a las que se habían expuesto en las ordinarias sino que se obligaba a que la barra no estuviera presente, haciendo un paneo sobre estas sesiones secretas podemos notar que eran poco significativas, pues en todas se discutían con más minuciosidad temas menores, materias de presentaciones, reclamos, etc. que realmente no hacían sino mostrar la verborragia de los representantes. Lo que si se hablaba mucho y continuo era sobre el accionar de los portugueses. No podían quejarse los diputados que todos las sesiones eran realmente animadas y dispares y como pareciera podía meterse en todo el 16 de agosto es larga la discusión sobre el pedido de Francisco Martín Santa Coloma de Buenos Aires que dado que era mayor de edad se le habilitara administrar la herencia recibida. Motivó un decreto y las consabidas consideraciones. Pero la cosa no era tan simple, el gobernador de Córdoba comunicaba que apenas había recaudado del empréstito forzoso en la provincia diez mil cuatrocientos cuarenta pesos habiendo pagado libranzas del congreso seis mil, mil quinientos para los gastos del Supremo Director en su viaje a Buenos Aires y así seguía las muchas deudas que no lograba pagar. Y hacía notar que las libranzas dadas por Belgrano no podían ser pagadas “y que quedaban desairados sus libramientos con mengua del crédito del Congreso y notablemente perjudicados los prestamistas”. En esta inteligencia acordó el Soberano Congreso ordenar como lo hizo al Gobierno de Córdoba “cubriese de cualesquiera fondos los libramientos del General Belgrano y apremiase a los europeos (todos españoles) executivamente a la entrega del empréstito”. Es decir rasguñar de donde fuera. El 17 de agosto la sesión estuvo más que animada, pues debió intervenir el congreso en la lucha sin cuartel entre el obispo de Córdoba “que exigía una resolución que terminase el cisma funesto de aquella iglesia” y el cabildo eclesiástico. Y es que la batalla que no llegó a mayores entre el obispo y el cabildo eclesiástico que había nombrado vicario capitular al licenciado Benito Lascano no terminó entre estos santos varones dándose de ostias (entiéndase puñetazos como hubiera correspondido tratándose de religiosos). Se le pedía al Obispo que “consultando al bien espiritual, tranquilidad y buen orden de su diócesis suspenda inmediatamente todos los anatemas y censuras latas o ferendas”. Es decir, que guardase para otra oportunidad la utilización de las armas celestiales que suele aplicar la Iglesia. Y es que el clima de guerra también había llegado a las filas eclesiásticas. En la sesión del 22 de agosto se discutió si convenía disponer que el 5% de la población de acuerdo al número de diputados por provincia contribuyera a reclutar soldados para los ejércitos del Alto Perú, bajo las órdenes de Belgrano; al de Mendoza de San Martín y a Buenos Aires. En total serian 21.700 reclutas y sobre ese tema se siguió discutiendo en posteriores sesiones. El 31 el diputado Gazcon, uno de los más dicharacheros y charletas advirtió que Belgrano había echo fijar un cartel en la puerta de su casa previniendo a los oficiales y subordinados en general “no le diesen el tratamiento de excelencia, que no aceptaría hasta que le fuese declarado por la superioridad que corresponde. Discutida la materia fue resuelto se le previniese que no rehusase dicho tratamiento como anexo a la embestidura y plenitud de facultades de capitán general de provincia”. Como vemos en ésta y en muchísimas otras oportunidades hasta los más importantes personajes de la revolución perdían el tiempo en minucias. Por no decir boberías. En la sesión del 3 de septiembre se leyó un parte de Pueyrredón al congreso comunicando la pérdida de unos pliegos que conducían un oficial y que quedaba realizándose las más prolijas indagaciones para poner en claro quienes habían sustraído tales documentos que atentaba a los respetos del congreso. Todos hablaron y hablaron de dónde surgió que no debía ser el gobernador de Córdoba sino el congreso que debía intervenir para saber quién había sido el delincuente. Y es que fue común en muchas sesiones el enfrentamiento de los diputados por causas que según ellos lastimaban su honor, agraviaban su persona y se faltaban mutuamente el respeto. El día 7 se estableció: “después de un detenido debate, en que se aduxeron razones en pro y en contra, el señor presidente celoso de la buena opinión del Congreso temiendo quedarse envuelta en sombras la buena fe de sus miembros y para llevar la discusión con mejor orden fixó la siguiente proposición: si la inviolabilidad de un señor diputado lo pone a cubierto para vertir qualesquiera expresiones, tengan la trascendencia que tuviesen sin estar sujeto a ser juzgado por ellas (en una palabra que no fueran tan susceptibles ni puntillosos los diputados que realmente hacían perder valioso tiempo en enfrentamientos y discusiones interminables). A mediados de mes “El Redactor” publicaba una serie de reflexiones sobre los propósitos del congreso para dictar una constitución y decía que: “ya era tiempo que el Soberano Congreso cumpliendo con el fin principal de su institución tirase las líneas para plantear una constitución sabia que fixase de un modo permanente la suerte de las provincias unidas, elevándolas cumplidamente al rango de estado constituido sobre base duradera” Y se preguntaba: “¿quién ha paralizado sus miras? ¿Quién ha inutilizado sus esfuerzos?” y se contestaba: “el curso de la revolución parece debía conducirnos a aprovechar estos y realizar aquellas, pero ello es que la revolución misma presenta los obstáculos. Ella ha tenido por efecto una anarquía devorante y una división espantosa, ¿y podrá meditarse una constitución sólida para un país dislocado, desunido y expuesto a las leyes del capricho de la arbitrariedad y del antojo? Y finalmente con mucho criterio “El Redactor” resumía la cuestión de que si no se removían esos obstáculos jamás podrá lograrse aquel fin, y el Congreso quedará cubierto en su responsabilidad a la faz del mundo, en fin. No era para nada inútil esta serie de reflexiones pues que ya habían pasado seis meses de instalado el congreso y pareciera que la avalancha de cuestiones insignificantes en las que estaba abocado mostraban que el rumbo que se seguía podía ser graficado con un continuo y constante zigzagueo. Se notaba que a esa altura de los acontecimientos el objetivo principal apenas había sido tratado con seriedad a no ser la cuestión del monarca indígena que era sin duda una propuesta realmente disparatada que ya por ese entonces pocos o muy pocos estaban convencidos de su viabilidad y conveniencia. En las sesiones del 17 y 18 de septiembre Córdoba provocó que los ánimos del congreso se recalentasen por la postura que asumieron los diputados Cabrera, Bulnes y Salguero que comunicaron su voluntad de separarse. Castro Barros denunció que según datos presumía que en Córdoba había un crecido número de hombres que atentaban contra el Soberano Congreso procurando su disolución y desconocimiento. La sala fijo en un voto su disconformidad con esta actitud expresando que mediante hacer falsas las causas que exponen se les mande continuar en la asistencia al Congreso, baxo de apercibimiento por lo tocante al señor Cabrera, sin perjuicio de lo demás que corresponda después providenciar. La actitud levantisca de los cordobeses motivó que el congreso oficiara una denuncia al gobierno y ayuntamiento de Córdoba. Contribuyendo a ésto Córdoba enviaba una nota en la que afirmaba ser imposible contribuir con el número de reclutas que le pide el Supremo Director y además expresaba que el gobernador Díaz resistía la dimisión del mando que había dispuesto Pueyrredón. Díaz como buen cordobés se quejó del modo más amargo e insultante contra el director por el pedido de su renuncia expresando su resolución de desobedecer. La causa mencionada por Pueyrredón era el estado de caos en la provincia alegando el gobernador no ser cierto esa causa razones que contrariaban algo que él mismo había dicho sobre la inquietud de los ánimos de aquel vecindario que no estaba al alcance de su autoridad tranquilizar. El congreso ordenó que Díaz renunciara nombrando a Ambrosio Funes por sucesor. En la sesión del 23 Belgrano informaba al congreso de la jura de la Independencia por el ejército a su mando y comunicando además otra invasión de los godos de 1000 infantes y 500 caballos. Y parece que esta invasión puso en pánico al presidente y a sus miembros al invitar el primero “a tratar de poner en seguridad su existencia, como la única capaz de salvar al presente las provincias en medio de los peligros que las amenazan e indicando como necesaria al efecto la traslación del Congreso: expuso la imposibilidad de verificarla con orden y sin exponerlo a su disolución en caso que se retardase hasta tener noticias de la continuación del enemigo en sus marchas”. El 23 de Septiembre se trató del traslado “del Soberano Cuerpo a la capital de Buenos Ayres, el señor Medrano pidió secreta y despejada la Barra expuso que debiendo ser la razón fundamental en la traslación del Congreso, la induvitable dificultad de poder resolver sin perjuicio del Estado con los conocimientos y acierto necesario en las negociaciones pendientes con la Corte de Brasil a tanta distancia de la Capital, en medio de las demoras a que esta obliga y riesgo a que están expuestas las comunicaciones en razón del estado convulso de Cordova y Santa Fe los señores Diputados tuviesen presentes al sufragar tan delicadas consideraciones sin hablar en Público cosa alguna en el particular, igualmente expuso no parecerle decoroso tratar a presencia del Pueblo de los medios para realizar la traslación para la cual había un Comerciante que ofrecía prestar el dinero que fuese necesario, más habiendo observado el señor Paso que para que el Pueblo no se alarmase como era de temer en las circunstancia convendría continuar la sesión en público, se resolvió así y terminando la Secreta se abrieron las puertas de la sala. Esta advertencia sirvió para una discusión del congreso en la que todos estuvieron de acuerdo como necesario su traslado junto al Poder Ejecutivo por razones evidentes como era la distancia y la lentitud en decisiones de trascendencia. Cuándo, cómo y adónde quedó como resolución futura. En la sesión del 25 de septiembre se siguió con este tema, y se llamó a votación fijando la proposición ¿adónde debe trasladarse el Congreso? Por mayoría absoluta se votó por Buenos Aires. Al día siguiente se discutió la necesidad y conveniencia de nombrar un enviado cerca del gobierno de los Estados Unidos para que negociara el reconocimiento de la independencia y lograra de aquella nación las ventajas posibles a favor del país, encargando a los enviados ante Brasil y Londres poner en práctica los medios convenientes para alcanzar similares objetivos en Europa principalmente de Rusia y Suecia. Y es que el Congreso entraba en esta etapa a discutir con más seriedad cuestiones que hacían al sentido de su constitución. Así el 27 se propuso discutir el reglamento provisorio. El secretario Serrano mocionó para que inmediatamente después del arribo del congreso a la capital se dividiese éste en dos salas, una de representantes y otra de senadores con objeto de servir de consejo al Director. En esos días “El Redactor” se refería a las medidas del congreso para remediar la difusión de la incredulidad entre la gente basada en expectativas que no se cumplían o difíciles de realizar y decía: fin a la revolución, principio al orden. Sea este el nivel de sus esfuerzos y el fallo contra los hombres perversos, que solo desplegan los suyos para el mal. El Congreso no hace más en esto que exigirles un deber que les impone el carácter de ciudadano y el juramento sagrado que han hecho a Dios y a la patria de defenderla con sus bienes, con su fama y con su vida. El 3 de octubre además de referirse a la necesidad de un reglamento para el régimen y dirección del Estado, la investidura a San Martín como Capitán General y tratamiento de Excelencia comunicándole a Pueyrredón que expidiera tal designación al igual que a Belgrano. Ambos militares la mar de humildes además, que muy pundonorosos, y amantes de los ceremoniales de la época. El 10 el diputado Paso mocionó como prioritario que se conferenciara con Belgrano para el envío de 500 hombres a San Martín y se decía que eran facultades del congreso “en los momentos de apuro, con respecto a la felicidad del país y protestando las resultas caso de no enviarse o retardarse este auxilio”. Otro diputado, en este caso muy buey corneta, dijo que sacar soldados de Tucumán para mandarlos a Mendoza debilitaba la frontera norte. En fin, se acepto lo que dijo Paso y a otra cosa mariposa. El diputado Castro Barros como no podía ser menos mocionó para que se tomaran algunas providencias “a efecto de precaver los males que se originaran necesariamente de dexar correr sin freno ciertas proposiciones avanzadas en materias religiosas, como el asegurar en algunos papeles públicos del día que la tolerancia no sólo civil sino religiosa es la base de la prosperidad de los estados, como la venta y uso público de las obras de Voltaire, Raynal y otros incrédulos que atacan en ellas y ridiculizan nuestra santa religión juradas solemnemente por la religión del Estado”. En todas sus intervenciones el diputado riojano mostró una particular adhesión a los dogmas y posiciones más conservadoras del catolicismo. No fue, sin duda, un diputado que adhería sin cuestionamiento a los nuevos aires liberales y libertarios. El 11 de Octubre se habló de una comunicación al Director Supremo de los inconvenientes que habían en auxiliar al Ejército de los Andes con menoscabo de la fuerza de del Perú. En realidad los esfuerzos tanto del Director como de Buenos Aires se irían fundamentalmente a ayudar a San Martín. El día 11 el Teniente gobernador de Catamarca comunicaba la imposibilidad de ejecutar el empréstito exigido a los españoles europeos de aquella ciudad, no sólo de los 1500 pesos aumentando a la cantidad de 9500 sino también la de 1384 que faltan para completar el empréstito principal. Y entonces, tal como se hizo en otras ocasiones si bien ya hacía bastantes años que los españoles europeos eran minuciosamente bolsiqueados, expresó el congreso que no eran sus intenciones dejar a las familias sin los más mínimos recursos pues se consideraba que este proceder comprensivo los estimularía a adherir a la revolución. En la sesión del 18 de Octubre se consideró un oficio del gobierno de Córdoba del estado de “opresión, inquietud y desorden en que ciertos hombres perversos tienen aquella provincia, la trascendencia de males que causan al Estado impidiendo el uso de los únicos medios de defensa en la situación más apurada y difícil en que los riesgos exteriores e interiores de enemigos amenazan nuestra existencia y la del país”. El 14 si bien ya se estaba considerando las modificaciones al reglamento del Estatuto Provisional se estableció que no había que modificar lo que establecía aquel habilitando a los extranjeros a obtener empleos después de diez años de residencia. Es decir, de todas partes convergían al congreso evidentes signos de malestar, todos estaban bastante nerviosos pues en realidad pocas eran las noticias agradables. El 29 de Octubre el presidente dijo que no había convocado a la reunión a los diputados por Córdoba pues el gobierno de esa provincia decía “que hay una correspondencia de las disposiciones Secretas del Congreso a los insurrectos y que le ofrecía la consideración soberana para que deliberase si era o no de su aprobación en cuyo último caso se estaba a tiempo de citarlos y hacerlos venir”. Se leyó la comunicación de Córdoba de la situación apurada en la que se encontraba el gobierno por la insurrección de Bulnes por el temor de los posibles saqueos de los insurrectos. El congreso manifestó no conocer esta situación y llamó a Belgrano al que por otra parte ya se le había prohibido ir en contra de los insurrectos cordobeses. El tema de Bulnes y sus actitudes fue motivo de varias sesiones. El día 15 se aceptó la moción para que el Supremo Director no pudiese conferir empleo alguno a los diputados durante el tiempo de su representación ni separados, ni luego de la separación de estos luego de un año. Eran conscientes los congresistas las herramientas que podría utilizar el ejecutivo para cooptar adhesiones en el congreso. El mismo en varias sesiones posteriores discutía que el gobernador de Buenos Aires tenía o no tenía que ser juez en las causas criminales de los secretarios de Estado e ipsofacto la petición de Francisca Loaisa que se quejaba de un juicio contra ella “que la executan en su situación afligida y emigrada con siete hijos” implorando la intervención del congreso para evitar el embargo de bienes y de su persona. Un diputado se borró del tema alegando ser un asunto particular pero otro más humano expuso que “el recurso envolvía la calidad de implorar la protección que pedía se dispensase a una persona emigrada (poseedora de cuantiosos bienes) por lo que merecía ser considerada casi privilegiada sobre su naturaleza. Esta súplica mostraba que los abogados en todos los tiempos hacían poca mella de afligidas o viudas en tanto en cuanto pudieran medrar. No por nada, la corona española prohibía que vinieran a sus colonias a más de gitanos, judíos y demás, abogados. Sabia medida que tendría que haber regido hasta los tiempos actuales, pero toda vez que el Congreso se ponía más o menos a trabajar en serio surgía alguna presentación de diferente relevancia de hombres de la iglesia. El 18 de octubre el vicario capitular y gobernador del obispado de Buenos Aires solicitaba que le correspondía un asiento en el coro de los canónigos “con arreglo a tres cédulas que acompaña en copia autorizada”. Es curioso, pero esto de los hombres de iglesia peleándose por obtener mejores y más suculentas canonjías fue una constante en las múltiples tareas del congreso. En la misma sesión el Supremo Director hacía llegar un oficio acerca de una representación de un gobernador eclesiástico de aquel obispado sobre la revisión de la obra intitulada INCONVENIENTES DEL CELIBATO DE LOS CLÉRIGOS. Tema éste como vemos muy importante y transcendente dado que los sacerdotes también se calentaban no solamente de fervor patriótico. El libro en cuestión suponemos bastante superfluo si recordamos que la mayoría de los religiosos desde los primeros tiempos coloniales eran asiduos cultores de Priapo y de Venus. Además de otras divinidades menores relacionadas con el prosaico comercio de la carne humana. En la sesión del 21 de octubre se decía resumiendo lo que en gran parte era la actividad del congreso que éste “se ocupó toda la sesión en la lectura de una multitud de pliegos, que dieron motivo a alguna discusiones, que aunque no tenían por su objeto inmediato tendencia a la causa común, al fin llevan tiempo y ocupan la atención del Soberano Congreso en la urgencia de sus contestaciones”. En una palabra que esto fue gran parte de lo que ocupó el tiempo en los cuatro años de duración. El Supremo Director informaba al congreso las razones por las que se separó a José Xavier Díaz como gobernador de Córdoba. Expresaba de injusta la amarga queja “que el mencionado ex gobernador elevó al Soberano Congreso contra el Supremo Director por haberlo desposeído” y dichos documentos levantan el velo a la maliciosa intriga “tramada por algunos individuos de aquel pueblo, declarados enemigos del orden, dignos por tanto del más severo castigo y de la execración de sus conciudadanos”. Díaz en realidad fue instrumento de la política de Artigas que indudablemente no coincidía con la que tenían Pueyrredón, San Martín, el congreso… El 26 se dijo haber leído un oficio de la Junta de Observación en la que pedían se los exonerara del cargo y que otros los reemplazaran. El Congreso les dijo que se aguantaran porque dentro de poco se irían todos a Buenos Aires. En las reflexiones de “El Redactor” sobre el Reglamento Provisional que trataba el congreso se decía que no iba a ser perfecto pero era un paso hacia la Constitución que algún día debía darse al Estado y decía que debía reducir gran parte de sus meditaciones el congreso ante la gran cantidad de temas que paralizaba sus acciones pero en medio de ese fárrago de frases, afirmó algo interesante: “una Constitución, si se prestasen los hombres a echar las bases de ella, es la única ancora (ancla) que podía libertarnos en la tormenta que amenaza, porque ella es la que exclusivamente puede reunir los ánimos de un pueblo hacia un objeto común, y poner en claro el porque de los esfuerzos que haga para defenderse” y decía que la Constitución era para los ignorantes obra de un mes de poca meditación y juicio, refiriéndose a los agitadores de siempre “entretanto excitan discordias, descubren aspiraciones, demarcan planes de desunión perpetua, eructando (¡una verdadera grosería!) derechos de pueblos, y olvidándose que hay un Congreso en que los han depositado por la unión de sus representantes”. El 2 de Noviembre Bulnes mandó una nota al congreso en la que decía: “Separado por determinación de V.S. de la intervención que debía tener en los asuntos de la Provincia de Córdoba de la que soy un representante sin dárseme la menor noticia ni causa de mi separación en lo que se ha inferido un perjuicio a mi Provincia y una ofensa a la delicadez con que me he conducido en todos los negocios de ella digo de nulidad de todos los acuerdos y resoluciones que se hayan tomado en los negocios de dicha Provincia y pido se siente en la acta esta misma protexta”. Vemos así que al igual que en las sesiones ordinarias las secretas eran más bien para receptar quejas, disgustos y malestares de los representantes. El 4 de noviembre un diputado mocionó para que se fijara el término de duración del congreso y se limitara a dar la Constitución, siendo ésta la segunda acción que debía realizar y además porque se le había dado un año para fijar la suerte del Estado más teniendo en cuenta que habían pasado siete meses desde que se instaló el congreso. Otro diputado mocionaba que el congreso declarara la necesidad e importancia de la existencia de su cuerpo representativo para fijar la suerte del país. Una sin embargo la del 5 tenía sustancia. Luego de despejarse la Barra se tomó en consideración el oficio del Director Supremo manifestando al Congreso las razones y poderosos motivos que le han impulsado a decretar y executar la expatriación del coronel Dorrego con los incidentes que le acompañan. Después de una detenida discusión entre las varias providencias que constan en el Libro de Actas Públicas fue sancionada la de decir al Supremo Director de las consecuencias que resultarían de aprobar como el solicita la sentencia contra el coronel Dorrego que conteniendo una pena capital carece de los requisitos imprescindibles que para tales casos prescriben las Leyes de la seguridad individual en que los pueblos justamente interesados manifiestan un celo siempre despierto y temible en medio de su actual vidriosidad no podía aprobarla y que así se le comunicase en oficio reservado”. Esto mostraba en la sesión secreta que el congreso no era o no quería ser una simple escribanía y que le decía al director que no estaba facultado para hacer lo que quería hacer. Muchas de las sesiones secretas fueron lugar especial para sacar a la luz muchos chismes, muchos enfrentamientos personales y litigios que quedaban teóricamente en el ámbito secreto del congreso pero que testimonios de la época atestiguan que tan secretas no fueron dichas sesiones. El día 5 la moción de poner término a la duración del congreso “con concepto limitadamente a dar la constitución fue apoyada por otros diputados, pues se consideraba que la vaguedad de objetivos y tiempos y la idea del poder ilimitado y de perpetuidad no ayudaba al buen crédito del Congreso y dijo el diputado Darregueira, (autor de la moción) que no se asentase en acta pero que se discutiera”. El 9 de diciembre se leyó una nota del Director Supremo dirigida al gobernador de Salta para retirar a Don José Moldes de aquella provincia. Según la queja del Director Supremo contra Moldes la misma era “por las de palabras más atroces e injuriosas a su persona, a su autoridad, a la del Congreso y a todas las del país según se le avisa en una carta anónima que acompaña en copia con indicaciones especificas y terminantes de las expreciones que ha vertido y de las personas y concurrencia donde las ha producido, notándole nada menos que como a sugeto el mas vicioso y corrompido del país (al Director Supremo) “imputándole la sustracción de una carga de oro de los caudales del Estado suplantándole otra de plata; tratándole de pícaro lo mismo que a los diputados del congreso entre los cuales una facción le había elegido con otras aun mas graves y criminosas imputaciones que en el se refieren” y le solicitaba al congreso que tomara cartas en el asunto lo retuviera en Tucumán cosa que a los pocos días Moldes no hizo pues se había marchado a Salta. Varias fueron las sesiones dedicadas a esta cuestión más de viejas chismosas que de reales asuntos de estado. El 6 un diputado mocionó para que se nombrase una comisión con el objeto de trabajar un proyecto de Constitución, análogo a las circunstancias del país. Lo que mostraba que la segunda razón por la que se constituyó el congreso había entrado en una suerte de letargo o léase sueño tranquilo y prolongado y se siguió discutiendo distintos artículos del Reglamento. Se discutió sobre el Juez que debe conocer los delitos de los secretarios de Estado, se discutió luego del mismo reglamento sobre la jurisdicción de los gobernadores y tenientes gobernadores en orden a suspender los acuerdos de los cabildos. Al diputado José Moldes de Salta en varias sesiones se lo recusaba al extremo de que el diputado de Mendoza Tomás Godoy lo había acusado criminalmente a más de graves reparaciones sobre la legitimidad del acta de su elección y vuelta a perder tiempo dilatando la sanción del reglamento. “Discusiones dilatadas e incompatibles con la urgencia de sancionar el reglamento, deseado por los pueblos y reclamado por el Supremo Director y a Moldes que espere que un futuro, quizás lejano se lo dejaría participar del Congreso. Otro diputado pidió que en el Reglamento figurara un artículo que prohíba a los gobernadores y tenientes gobernadores todo lo que esta prohibido al Supremo Director”. El 8 como si se tratase de un lejano antecedente de futuros poderes omnímodos del ejecutivo y ya esbozándose la futura constitución unitaria opinaron varios que el nombramiento de funcionarios de presidentes, gobernadores de provincia y teniente gobernadores debía dejarse a la libre elección del Supremo Director “porque debiéndose considerar dichos funcionarios como unos brazos del Poder Executivo parecía preciso fuese una de sus atribuciones la prohibición de estos cargos, a fin de que recayesen en persona de su satisfacción y confianza”. Varias décadas después esto se conocería como Unicato, Dedaso o intervenciones federales. Que en Argentina fue tema de gruesos y minuciosos libros. Otros dijeron que estos funcionarios debían ser propuestos por los cabildos y se agregó algo curioso que todos aquellos pueblos de Potosí y otros que no tienen cabildo pudiesen entrar a la par de las ciudades y villas en el derecho de proponer nombres, en fin, de todo se discutía y no mucho se acordaba. En otra parte de esta sesión se comunicaba que correspondencia de Córdoba había sido interceptada por el caudillo Bulnes. Y como este tipo de cuestiones tenían sus consecuencias el Director decía que las armas que se había provisto a estos amotinados se empleaban para ensangrentar la guerra intestina y terminaba esta sesión con una solemne explicación: “El tiempo va poco a poco levantando el velo a los misterios de iniquidad, para que los que no han visto, vean, y los que no han creído, crean y palpen la verdad”. En la sesión extraordinaria del 10 de noviembre y en una disposición de absoluta humanidad con gente emigrada que padecía activa persecución por parte de abogados el congreso decretó “en obsequio de la alta consideración que es debida a los beneméritos ciudadanos, a quienes el celo por la causa del país ha arrancado de sus hogares y envuelve en los males consiguientes a una penosa emigración, los de esta clase que justifiquen la persecución que han sufrido del enemigo y el abandono que hayan hecho de sus intereses y casas no podrán ser molestados por deudas civiles contraídas antes de su emigración y las causas que se hubiesen promovido contra ellos en este respecto se suspenderán hasta que mejoren de suerte restituyéndose a sus hogares”. Como Salta era donde más ocurrían estas cuestiones para allí fue el decreto. El día siguiente se discutió si el Supremo Director podría elegir a su buen saber y entender los cargos en ayuntamientos de ciudades y villas. En principio se pensó que el Director podía elegir entre ocho o cuatro, no menos de cuatro individuos o también si esa designación era con propuestas decidiéndose por este último criterio. Es decir, el congreso mostraba un cierto aire democrático en esto. Y como eran varios los diputados que asistían lo menos posible mostrando un alto “patriotismo” pero con las sábanas, se resolvió que si no asistían o se negasen a votar podrían ser obligados por la fuerza a asistir o se los removería de sus cargos. Mediado el mes “El Redactor” refiriéndose al reglamento que se acababa de aprobar que se esperaba que el mismo al fijar la conducta de las autoridades “ponga freno a la arbitrariedad y despotismo y destruya las maquinaciones de los que deben prestarles obediencia y respeto. Nunca podrá lisonjearse de haber dado una obra acabada y perfecta en su línea. Es un reglamento provisorio, cuyas adicciones y reformas se ha reservado”. El 16 de noviembre se establecía que el Supremo Director para que pueda mandar expedición por agua o tierra “contra algunas de las provincias unidas en Congreso u otras de este continente que sostienen la independencia del país y pueda obrar hostilmente contra ellas o contra los perturbadores del orden público residentes en las mismas, sea necesario el preciso acuerdo del soberano congreso”. Con el tiempo esto también formaría parte de los congresos futuros. El 19 se otorgaba al gobierno cordobés que resolviera en el caso de los recientes insubordinados en Córdoba, obrase con el mayor rigor sin otorgar apelación ni consultar sino en los casos de imponer pena de muerte o espatriacion “en que deberá pedir confirmación al Supremo Director y que además de esto use de la autoridad económica que se le concede para expurgar la provincia de todos los perturbadores del orden, destinándolos a puntos en que estén en incapacidad de hacer semejantes males, y luego se discutió que debía señalarse el tiempo que el Supremo Director debía durar en el mando. El 20 se discutió las bases sobre las cuales deban establecerse las contribuciones para “las atenciones generales del estado, acordando que la de cada pueblo sea en proporción a la población representable al congreso; a imitación de la constitución última de Norte América cuyos principios de igualdad han sido adoptados en dicho reglamento”. Por un lado para nada se tenía en cuenta hasta ese momento el ejemplo de los EE.UU en cuánto organización jurídica y demás, conocían sin duda la constitución de aquel país, pero sin embargo todavía se seguía pensando en instalar una monarquía. Estas discusiones obligadas por las necesidades económicas de todo tipo llevaban a la idea de imponer empréstitos con bajos intereses, confianzas o hipotecas que se aseguraran los mismos aunque se insistía “de ser esto conforme a los derechos de igualdad y justicia, se evitará por este medio el que unos pueblos se hallen expuestos a ser sacrificados por el egoísmo de los otros y que estos sacrificios tan lejos de merecer la gratitud de los agraciados exciten la negra envidia de los indecentes egoístas, y se empeñen estos en oscurecer sus glorias con su ruina y desolación, aprovechándose del estado de debilidad a que lo reduxo su generosidad” . En fin, que a la hora de hablar melodramáticamente había cuerda para rato. El 22 de noviembre se sancionó el reglamento provisorio. Que era así ya un paso positivo hacia la Constitución que era el segundo y determinante mandato que tenía el Congreso de Tucumán: independencia y Constitución. “El Redactor” escribía “en torno a la sanción de una constitución permanente” que para fijar la suerte del país urgía sancionar una constitución que deslindara, que estableciera y asegurara los derechos de los pueblos. Y afirmaba: “sin constitución no hay libertad, y sin libertad no hay patria. Las armas la harán mudar de amo, la constitución la hará dueña de sí misma. Estos son principios. Para realizar lo primero no hay arbitrio que no tiente el Soberano Congreso. ¿Y será tiempo de ocuparse en el segundo?”. Y diría resumiendo que: “parece que la voz unísona de las provincias todas no es otra que constitución, constitución al Estado”. En la sesión del 4 de diciembre un oficio del Supremo Director exponía los inconvenientes de no tener facultades para hacer gastos secretos y luego de discutir se votó por mayoría concediéndole las facultades solicitadas disponiendo que podía gastar 30.000 pesos para “gastos secretos que han de executarse secretamente; y si más necesitase debía obtener la anuencia del Congreso”. Se le permitía gastar sin expresar en qué. Pensamos que quizá este fue el puntapié inicial de una larga y sostenida práctica de ocultar ya no en tiempos de guerra ni críticos, infinitos gastos por parte del Estado alegando su condición de “secretos”. El 9 el Gobernador de Córdoba avisaba que no había posibilidad y eran inútiles todas las diligencias que había practicado para recaudar 40.000 pesos y no faltó quien como el diputado Bulnes mocionó “para que este déficit se llenase, exigiéndolo de los americanos antipatriotas de la misma ciudad, exceptuando las viudas que sean tutoras o curadoras de pupilos menores”. Todo se aprobó y seguramente el cordobés siguió diligentemente estrujando y revolviendo los bolsillos de todos aquellos que no simpatizaban con la revolución. El día 11 el mismo diputado Bulnes empecinado en lograr fondos para sus comprovincianos pidió “que a los eclesiásticos seculares, enemigos del sistema que hay en Cordova se les comprehenda en la exacción del empréstito pedido a los europeos y americanos antipatriotas y el señor Salguero adelantó que se les imponga por separado un empréstito de 10.000 pesos aunque esto no fue apoyado”. El diputado Paso tenía un astuto plan para conseguir más pesitos. Sugería buscar mil ochocientos cinco suscriptores “que baxo de ciertas calidades, presten la cantidad de cien pesos cada uno, por diez meses, contados desde enero hasta octubre del año entrante”. Y como el astuto plan gustó, otro diputado sugirió que se sacasen copias de este plan de choreo patriótico (porque era seguro que ese dinero solicitado en préstamo nunca sería devuelto) para que los diputados de aquellas provincias que no tenían enemigos contribuyesen en este plan. Vemos que era continua la obsesión del congreso además de preocuparse por acopiar ideas que permitieran hacer la Constitución por conseguir dinero de cualquier parte y de cualquier modo para satisfacer los infinitos pechazos de todas partes y las reclamaciones que permitieran que San Martín cruzara los Andes, que Belgrano mantuviera el ejército del Norte, que Pueyrredón pudiera contar con los medios financieros en un medio donde el enemigo no solamente era exterior sino que internamente también muchos afectos a la corona seguían amolando. El 14 se realizó una discusión muy acalorada sobre el proyecto de constitución y término de la duración del Congreso. El diputado Godoy “después de indicar varios inconvenientes en proceder a formar dicho proyecto por el estado de crisis del país, por la instabilidad de qualquier constitución, expuesta a recibir variaciones según las que el tiempo y circunstancias diese al Estado, con otras razones que deduxo, hizo moción se discutiese si el país se halla en estado de recibir una constitución permanente, o si solamente habrá de sostenerse con una provisoria hasta oportunidad más bien indicada”. En días sucesivos se siguió debatiendo largamente, pues eran varios los diputados que sostenían la inconveniencia de darla echando mano a toda suerte de eruditas razones afirmando “de la inconsistencia de las constituciones de algunos países, donde fueron dictadas en tiempos semejantes, agregando el estado de alteración y turbulencias de nuestras provincias, división de los ánimos de sus habitantes, trastorno en sus usos, costumbres y habitudes, producido por la revolución”. Agregando que era muy incompleta la representación de los pueblos y muchos no tenían nada. Otros dijeron de“la estabilidad, progresos y gloria de otros países constituidos entre el estrépito de las armas y en medio de los sacudimientos que les agitaba”. Y en realidad que sepamos la mayor parte de las constituciones que se hicieron y se harían surgirían en medio de graves y violentos conflictos. El 23 de Diciembre el Congreso recibía un oficio del Director en el que se planteaban cuestiones de relaciones exteriores y se trataron los siguientes puntos: ¿si se mandaría inmediatamente un Enviado a la Corte del Brasil a exigir el reconosimiento de nuestra Independencia y de pedir explicaciones de su invasión en la Banda Oriental o si se esperara la resolución del Soberano Congreso?; ¿Si se debe esperar la resolución del Congreso para declarar la guerra a los portugueses? La mayoría estuvo por la afirmativa dándole ordenes para cumplir con la misión que le estaba encargado concluyendo con asegurar que toda acción con respecto a declarar la guerra a los portugueses compromete la quietud publica en el crédito de las autoridades. El tema que ya por entonces mostraba las dificultades que habían sido reconocidas estribaba en que el Ejecutivo estaba en la ciudad de Buenos Aires y el congreso todavía seguía deliberando en Tucumán, no exactamente en un lugar tranquilo, pues era continuo el avance de los españoles sobre el norte argentino. Distancias enormes, tiempos prolongados para comunicar novedades, incapacidad de establecer claramente las políticas a seguir, la más grave por cierto era si el congreso declaraba o no la guerra contra los portugueses consulta que había hecho el Director Supremo. Ya estaba en el ánimo de los congresistas marcharse a Buenos Aires. El problema era que no se contaban con los recursos y se obró como se venia haciendo desde hacía rato, llevar a cabo otro empréstito forzoso de los muchos que ya se habían hecho. En el último “El Redactor” del año 16 se hablaba de que los que observaban de lejos “nuestras operaciones en el dilatado periodo de nuestra revolución, habrán tenido que admirar, entre otras la invención extraordinaria de fixar el poder legislativo a distancia de más de 300 leguas del poder ejecutivo, sin depositar en este todo el lleno de facultades que lo pongan en actitud de obrar en todo con absoluta independencia de aquel”. Se ve que el escriba de “El Redactor” andaba escaso de ideas o temas pues esta cuestión hacía rato se había resuelto por unanimidad, su traslado a Buenos Aires, cosa que realizaría en los meses siguientes. El año 1817 para el Congreso de Tucumán se presentó con singular actividad. Es así que el 1 de enero se tomó conocimiento de una comunicación del Supremo Director dando pormenorizada razón de lo que había invertido desde agosto en el ejército del Perú que estacionado en Tucumán y al mando de Belgrano pasaría tres años sin moverse. No obstante lo que se invirtió hasta ese momento desde el 1 de agosto era 117.432 pesos a más de 120.000 pesos que importaban 18.000 yardas de paño, 93 piezas de brin y 6.000 vestuarios con prendas dobles para dicho ejercito y además había que sumar 63.753 pesos 7 ½ reales de gastos no pagados. El ejército al mando de Belgrano no movió un dedo en todos estos años cuando la frontera del norte fue una y mil veces atacada por los españoles ante la desesperación y amargura de Güemes, pero lo más importante que se discutió en esa sesión fue establecer el día que cerraría sus sesiones el congreso y el que saldría para Buenos Aires. Así el 10 de Enero del 17 el vicepresidente expuso en sesión secreta “que las más activas diligencias de solicitud de dinero por la Comisión encargada de buscarlo para proveher a las expensas de los Diputados en la traslación del Congreso no habían tenido efecto y que el comerciante Velarde requerido por el que conducía expuso que no era suyo y propuesto por el señor Medrano para que en clase de empréstito forzoso se saque el dinero necesario para que del nominado Velarde con orden para que lo entregué en la cantidad que se le designa con la calidad de que se paguen en las caxas de Buenos Aires del libramiento que se le de a 15 días visto”, se le comunicaría al Supremo Director, etc, etc. por supuesto se le entregaría un recibo para que Velarde reclamase el pago en Buenos Aires. En un principio se había dicho que doce mil pesos serian los gastos y luego se le mangueó por ocho mil al comerciante. A duras penas pudo el congreso marchar a Buenos Aires haciendo detener a Velarde que escapaba presuroso. El 15 de enero finalmente se resolvió el envío de una comisión cerca del Supremo Director a la mayor brevedad, para servirle de apoyo en los conflictos que expresen sus comunicaciones y se nombraron para ella los señores Darregueira (que a los pocos días fallecería). Se decía en la sesión del 17 de Enero la necesidad del traslado del Congreso para ocurrir a las prontas medidas que sucesivamente hará necesarias una concurrencia de dificilísimas circunstancias. Lo graciosa que parece que el tal Belarde no confiando mucho en la seriedad del Congreso se había marchado ya de Tucumán por lo que el Congreso ordenó al teniente gobernador de Santiago del Estero que “inmediatamente a su recibo detenga o haga retroceder si hubiera pasado a don Pedro José Belarde y carretilla en que conduce para la ciudad de Buenos Aires caudales propios y de particulares y le exija a virtud de la orden la cantidad de ocho mil pesos por empréstito forzoso para la traslación del Congreso a merito de su importancia con respecto al interés general del Estado”. Parece que la desesperación del congreso ante la huida del prestamista forzoso dio resultado, pues ya el 17 de Enero se insistía en el traslado. El 2 de febrero se le comunicaba a Pueyrredón que por medio de los agentes en Londres, Estados Unidos y particularmente el enviado a la corte de Brasil negociase el reconocimiento de la independencia de nuestras provincias; el envío de un diputado a reclamar al general Lecor jefe del ejército portugués que invadía la Banda Oriental que cumpliera el armisticio de 1812 y finalmente que pusiese el país en el mejor estado de defensa. Puntualizando al Director que no hiciera declaración alguna de guerra al portugués y evitara todo compromiso menos prudente y siguiera las recomendaciones. Malavia habló de las extraordinarias crueldades de los españoles en Charcas llevadas al extremo de haberse decapitado cerca de mil vecinos, encarcelado, desterrado y confinados muchos más y entre ellos unas multitudes de señoras dignas de consideración por su clase y avanzada edad y se pedía a Belgrano que reclamase a fin de que no cometan excesos tan inhumanos, y haga se restituyen a sus casas los vecinos pacíficos, especialmente las mujeres perseguidas, protestándole que en caso contrario se observará igual conducta con los enemigos de la independencia de la América que habitan los países libres. Y que amenazara que se haría con los españoles o los americanos no afectos a la independencia, y además se le pedía a Belgrano que reclamase del enemigo la persona del Marques de Yavi proponiendo canjearlo por alguno de los oficiales españoles. El Marques de Yavi desertó del ejército de Pío Tristán y permitió con su conducta el triunfo en la batalla de Salta. No fue canjeado y tiempo después en camino a una prisión española murió. Un diputado propuso que por cada prisionero nuestro que executasen fusilaríamos dos si eran de los españoles y de americanos uno por uno, propuesta al mejor estilo nazi. Las sesiones hasta el 15 de febrero fueron de puro papelerío. En este día que anteriormente sería la última sesión antes de su traslado a Buenos Aires el diputado Acevedo protestó de los daños que se seguirían de la suspensión de sesiones sin evacuar asuntos de gravedad pendientes, relativos a la traslación el Congreso finalmente se resolvió que siguieran hasta el 18. En realidad los temas no eran muy importantes pues se otorgaron diversas cartas de ciudadanía pero en la sesión del 16 se acordó que el 15 de marzo se reuniese en Buenos Aires con calidad de los que sin causa legitima y acreditada falten para dicho tiempo, sufran el descuento de su sueldo correspondiente al número de días que pasen del término. En la última sesión en Tucumán el 17 de enero se acordó que el manifiesto de la independencia que todavía no se había escrito se le encargase a Medrano de acuerdo al diputado Serrano aquel creía más a propósito para llevar al cabo esta obra con dignidad no había tenido más parte en ella que instar por su conclusión y apunta de palabra algunas razones justificativas de la declaración de independencia. Y así burocráticamente terminó esta primera etapa del congreso reunido en Tucumán. En la segunda ya en Buenos Aires el 19 de abril comenzaría a sesionar y el 3 y 5 de mayo en sesiones previas antes de la apertura del Congreso Nacional el 12 de mayo del 17. Ya abierto el Congreso Nacional en Buenos Aires, el 12 de mayo del 17 se decía que tuvo lugar una de las escenas políticas que llenando siempre de jubilo a los pueblos virtuosos no se repiten en el mundo sino con terror de los opresores, se elogiaba con muchos ditirambos algo que en realidad el tiempo demostraría que ese congreso en Buenos Aires terminó tres años después dictando una constitución, que era el segundo objetivo, unitaria que todas las provincias rechazaron. A lo largo de estos tres años el congreso se dedicó a resolver decenas de temas que le planteaba el Supremo Director. La primera sesión secreta del Congreso lleva fecha del 28 de Mayo y en ella se ocupaba de las cuestiones con Brasil y se discutía lo siguiente: “Visto el estado de las relaciones exteriores ¿qué providencia se tomará con respecto a las del Brasil? Y como no había la cantidad de diputados necesarios esa pregunta quedó sin respuesta. El 31 de Mayo en el Congreso se “leyó la representación de don Cornelio Saavedra solicitando que el Soberano Congreso le designase lugar y Jueces que conocieran de su causa y fixada la proposición sobre ¿que se proveería a la indicada solicitud? Se acordó por unanimidad de votos se dirigiera al supremo poder executivo para que por si o comisionados entendiese en tal recurso”. El 14 de Junio, vemos que el tema Brasil concitaba los mayores esfuerzos. El congreso acordó por número suficiente de votos la sanción siguiente: “que sobre las bases de Independencia o integridad del territorio encargado al Supremo Director se le dexe fijar estas negociaciones encargándole que use de todas las moratorias posibles y que anticipadamente exija el consentimiento del Congreso en el caso de un rompimiento (y declaración de guerra) o la ratificación en él de un tratado preliminar o definitivo”. Y es que todos estos años Brasil sería además de las campañas sanmartinianas el principal motivo de preocupación por su política expansionista que lograría años después su definitivo éxito. Viendo los temas de la mayor parte de las sesiones secretas notamos que las mismas se basaban en de total o casi total insignificancia. Pero a lo largo de estos años hay varios temas que es posible resaltar: en la sesión extraordinaria del 21 de junio fue importante el de la seguridad de las personas y propiedades y se decía “está en peligro desde que los Poderes que deben protegerla y conservarla, están instituidos de tal manera, que su actividad no es proporcional a los esfuerzos del crimen” cuestión como vemos de absoluta vigencia dos siglos después y se decía “este es el tiempo en que está dada a los magistrados la señal de vigilancia, y en que a proporción de las circunstancias deben ser desplegados los resortes del poder. El modo actual de proceder en nuestros tribunales de justicia está muy distante de aquella expedición que es necesaria en semejantes casos. La rapidez en la resolución de las causas y la imposición de los castigos deben entrar como elementos en esta combinación. Hace 200 años que la justicia era denunciada por lenta e incapaz, poco cambió el panorama y finalizaba esta curiosa sesión “pero si dexais evaporar aquel calor que infunde el primer rumor del crimen, si castigáis tarde, castigáis inútilmente. El pueblo insensible ya al peligro, cuya memoria no conserva no sentirá sino lastima por el reo”. La lentitud de la justicia hacía que la gente y más en aquellos tiempos se olvidara de por qué había sido preso un delincuente. El lunes 23 de junio el diputado Sáenz planteó la cuestión de una “constitución permanente” para lo cual era necesaria la declaración de una forma perpetua de gobierno y decía que la situación no permitía esa constitución y a lo sumo “podrá tener otra naturaleza que la de un Reglamento o Estatuto interino y provisional”. Más de un año reunido el congreso en Tucumán y en Buenos Aires y no se ponían de acuerdo, si se podía hacer una constitución u otro Estatuto provisorio. Y se dijo por parte del diputado Chorroarin que no había representación bastante para declarar la constitución y que era necesario “consagrarse primero a la reforma y preparación conveniente de las costumbres en que debía apoyarse y por consiguiente que lo único que podía hacerse en el día era distribuir debidamente los poderes baxo la forma interina y pie en que hoy se halla el gobierno, para que sean respetados todos los derechos y nadie sea atropellado y para conservar nuestra independencia que todavía se halla amagada de un sinnúmero de peligros”. Esto suena muy parecido a la tesis de Rosas que esgrimiría veinte años después y durante su larga dictadura para justificar que no era conveniente hacer una constitución. Castro Barros enérgicamente defendió la necesidad y conveniencia de dar al estado la constitución más conforme porque éste era el fin del congreso y agregaba: “Porque una vez que los pueblos se habían fixado en esto, nosotros no éramos árbitros de una omisión que nos dexaba expuestos en todo caso a cargos incontestables, porque si se dexaba la constitución para la época de entera libertad del territorio habría tal vez entonces mayores dificultades que hoy para dar una constitución que fuese aceptada uniformemente”. No dejaba de tener razón el diputado por La Rioja porque la tesis que hablaba de que todo tenía que estar tranquilo para hacer esa constitución en definitiva dilataría entrar en la cuestión principal. En la sesión del sábado 19 de julio se le fijaba a los jueces la conducta a seguir “que se abstenga de conocer el camarista, que tenga relación de parentesco con el juez de quien se apela hasta los nietos inclusive en línea recta y hasta los hermanos en la transversal, obrando el mismo impedimento las relaciones de afinidad en las causas sentenciadas por suegro, yerno y cuñado cuya disposición deberá regir entre tanto no se promulgue el Código legislativo”. Se veía que estaban de más los favoritismos a la hora de dictar justicia. El 21 de julio el diputado Paso habló de la necesidad y conveniencia de sancionar una constitución permanente. Un tema que tuvo que discutir el congreso y hacerse cargo fue la cuestión de las cartas de ciudadanía pues eran mucho los españoles y extranjeros que optaban en esa circunstancia por nacionalizarse. El 23 de julio se estableció que “con preferencia se prefixasen por el Soberano Congreso los objetos en que exclusivamente deba hacerse la inversión de los millones de empréstitos y llevándose cuenta y razón separada de este ramo a fin de que en ningún tiempo sean de abono las cantidades que se inviertan fuera de aquellos a que los destine la Soberanía” es decir que el congreso no tenia ningún empacho en apoyar un empréstito de una suma realmente significativa que nadie, seguramente, sabía como cancelar, algo parecido a lo que ocurriría en tiempos de Rivadavia con aquel famoso empréstito con la Baring Brothers que se usó para fines absolutamente distintos para los que se había pedido y que se pagaría hacia fines del siglo 19 con costas, intereses, puniciones y demás. Por eso no era ociosa la prevención que hacía el congreso de que el empréstito de los dos millones debía usarse para los objetivos previstos. El 8 de agosto se presentó una propuesta del Supremo Director Pueyrredón que según él había meditado establecer en la capital al igual que se hacia en Europa una Compañía de Comercio a la que podían asociarse todos los habitantes de las provincias que quisieran poner en circulación sus capitales lo que daría un fuerte impulso a la industria nacional y acrecentaría los fondos del estado y seguía, y seguía lo que había imaginado el Director de algo que mostraba las cósmicas necesidades que ese proyecto quizá podría solucionar y en realidad no pasó eso y como este congreso mostraba que pasaba rápidamente del tema fundamental a otros realmente irrelevantes el 11 de agosto se discutió la consulta del Gefe del Estado Mayor General “sobre el uniforme con que deben distinguirse los Oficiales General de la Nación y si además de los Brigadieres podrán también comprenderse en esta clase los Coroneles Mayores”. Como vemos a pesar de la gigantesca necesidad en todo era muy importante sin duda satisfacer la prestancia de los mandos militares porque no era cuestión que anduvieran mostrando la hilacha. El 16 de agosto se formó una comisión cuyo objetivo era el cobro de las deudas atrasadas de aduana y en el Reglamento que se elaboró se decía que se procederá llamar a su presencia a los deudores a quienes reconvendrá por su pago ante un escribano. Todo con un tramite rápido dada la urgencia de cubrir los rastros. El 23 de agosto el congreso se abocó a un tema realmente “¡importantísimo!” y que era de una tremenda insignificancia y así se menciona en las actas secretas lo siguiente: “por haber expuesto el Edecán no ser de su ministerio evaquar diligencia (llevar un pliego) a que también se había reusado el Portero Selis y que pedía al Soberano Congreso una resolución para que no se entorpeciera el giro de los asuntos y fue acordado que los Edecanes tienen obligación de llebar los pliegos del Soberano Congreso, como los de qualquiera comisión compuesta de individuos de su seno y que debían continuar repartiendo las Gazetas y desempeñando todas las funciones que les estaban determinadas y habían practicado hasta el día por ser un servicio hecho directamente al Cuerpo Soberano y que el señor Presidente reconbiniese al Edecán por la falta del día anterior. Que por lo respectivo al Portero Selis que se quejaba de llebar todo el peso del cuidado y aseo de la casa por la habitual indisposición delde su misma clace don Francisco Llanos, se le previniese a este que debía alternar en las semanas con aquel y que por la que faltare satisfaría a Selis tres pesos de sus sueldos sin perjuicio de que en caso de insistir en sus faltas se tomaría providencia”. Y esto lo veremos mil veces repetido a lo largo de los siglos como una constante de la lucha de los ordenanzas de escurrir el cuerpo y hacerse humo toda vez que debían cumplir sus obligaciones hábito que aun hoy sigue perturbando seguramente la monstruosa administración pública practica que se iniciara secretamente en aquel humilde congreso. El 27 de Agosto y mostrando que el congreso intervenía generalmente en temas de absoluta inconsistencia, tomó razón de una comunicación de la Municipalidad de Santiago del Estero en la solicitaba que el Congreso “se dignare declarar no deber aquel Pueblo concurrir con dietas algunas ya por la imposibilidad de exigir los impuestos ya por hallarse la Campaña enteramente desolada por los Indios barlanos con la pérdida de más de la centésima parte de las haciendas necesitando sacrificarse enteramente para sobstenerse contra las hostilidades; ya porque el Comercio de miel y cera estaba amenazado por el mismo ya porque las manufacturas habían perdido enteramente su valor y últimamente por haber quedado arruinada la población con el terremoto que acaba de sufrir” y el congreso mostrando su grandeza y sensibilidad resolvió de acuerdo al mangazo santiagueño. El 29 de agosto se acordó que hasta tanto se forme la constitución del estado pudiera el Director otorgar títulos de ciudadanía a españoles y demás extranjeros que solicitaran ser ciudadanos, debían tener buena conducta y debían jurar defender sacrificando sus bienes y vidas la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América del Rey de España sus sucesores y metrópolis y de toda otra potencia extranjera. Para los españoles que eran los más afligidos por las continuas exacciones a sus bienes, hacerse criollos sería sin duda un alivio. El 1 de septiembre Castro Barros pidió se tratase con preferencia “sobre la comunicación que tenia presentada, y había recibido del cabildo de La Rioja con una solicitud del diputado Territorial de Famatina Don José Florentino Rivera. Esto tiene interés porque marca la preocupación por parte del congreso de regir sobre las minas del Famatina, algo que retomaría casi una década después Rivadavia al intentar que la Nación se apropiara de su riqueza y pasara por sobre los derechos de La Rioja. No fue como vemos idea de Rivadavia apropiarse de la riqueza del Famatina, pues ya sobre este tema el Congreso Nacional había hablado y hablaría con creces. Este período que estamos tratando, los tres años del Congreso Nacional en Buenos Aires lo abordamos a grandes rasgos considerando que en realidad lo significativo es el periodo del Congreso en Tucumán, en ese sentido ese tratamiento lo hacemos puntualmente y de manera amplia. El 3 de Septiembre surgiría un tema que durante varias sesiones fue motivo de largas polémicas, se trataba una nota del Supremo Director incluyendo un ejemplar del “Libelo famoso publicado en Baltimore por don Pedro Agrelo, Don Manuel Moreno y don Vicente Pasos, contra su persona (el Director Supremo) y autoridades del País sin respetar la Soberana del Augusto Cuerpo para los efectos que pudieran convenir. Y como su tenor atacaba la persona del diputado don Vicente López se discutió por reparo de dicho señor si deveria o no estar presente en la Sala al tiempo de su lectura y quedó resuelto se procediese a ella dexandolo a su arbitrio. Habiéndose principiado su lectura se ocupó en ella toda la primera hora por lo difuso del Libelo, quedando suspensa su discución para la sesión próxima”. En las reflexiones de “El Redactor” sobre la situación interna y los propósitos de dictar una constitución permanente se afirmaba a mediados de septiembre: “Está sancionado que se de la Constitución: una comisión de miembros ilustrados del Congreso organiza su proyecto con actividad e inteligencia. He aquí sancionado el termino del actual Congreso, la separación de todos los actuales representantes y llamada la nueva serie de cuerpos representativos que serán los órganos venideros de la voluntad nacional. Está sancionado que se de la Constitución, esto es el escudo legitimo contra el despotismo que provoca la anarquía y el remedio legitimo contra la anarquía que a su vez provoca el despotismo. Ella tendrá respectivamente para las autoridades y ciudadanos el mismo destino que la espada de Trajano cuando le decía al Prefecto del Pretorio: toma esta espada para defenderme si gobierno según las leyes; para castigarme si obro contra ellas. En las sesiones posteriores se discutieron cuestiones del Reglamento como las atribuciones del Director del Estado que al romper relaciones con alguna potencia debería elevar a la consideración del congreso un informe minucioso al respecto. El 17 se siguió con el tema del famoso Libelo que sin duda había molestado a más de uno. En una sesión extraordinaria del 20 se tomó conocimiento de las quejas de Belgrano contra el gobernador de Tucumán Bernabé Araoz que por inacción o por mala voluntad le privaba a su ejército de los auxilios que podía suministrarle y como estaba hasta los moños de ese clamar en vano había resuelto elevar la queja al congreso. El mismo dado los daños que esa actitud provocaría al país y a la causa de la libertad se dijo que antes de tomarse la medida de separar al gobernador se le formasen los cargos y oyesen los descargos y todo terminó encargando a Pueyrredón que se hiciera cargo del tema pero lo que realmente seguía motivando la labor del Congreso era el tema del Libelo de Baltimore y considerando “que el asunto estaba suficientemente ventilado se fixó la siguiente proposición: “¿Qué providencia se tomará sobre el Libelo de Baltimore sugeto de la presente discución y de la pasada?” Y se votó y no se llegó a ningún resultado quedando para más luego seguir la ardorosa discusión sobre este escrito publicado en Estados Unidos y que tanto molestaban a varios congresistas y en especial a López. El 30 uno de los temas era el pedido de la esposa de Dorrego, Ángela Baudrix que “se alzase la expatriación de aquel para que buelba a esta Capital con entera sugeción al Supremo Govierno y a las medidas de precaución que estime conveniente tomar para la seguridad pública”. Y es que Dorrego tanto había incordiado que seguía preocupando al gobierno revolucionario. Se siguió discutiendo del Libelo de Baltimore, no se pusieron de acuerdo y remitieron la cuestión al Director del Estado para que intervinieran la Junta Protectora de la Libertad de Imprenta se nombrara una comisión que tuviera en cuenta todos los documentos sobre la invasión portuguesa que eligiera aquellos que no comprometieran el secreto de los mismos y que con todo eso se hiciera una manifestación a los pueblos que ponga en nulidad los esfuerzos hechos desde Baltimore por Moreno, Agrelo y Paso para conmoverlos contra las autoridades”. La que era incansable fue la mujer de Dorrego como lo mostraba las varias sesiones en las que se discutió el tema de la expatriación de su marido y lo único que resolvió el congreso fue pasarle la pelota al Supremo Director. El tema de la invasión a la Banda Oriental de los portugueses que fueron y vinieron infinidad de veces tratando de quedarse definitivamente con ella se manifestó con toda crudeza en la sesión secreta extraordinaria del 5 de Diciembre cuando se tomó conocimiento de una “comunicación reservadísima del Supremo Poder Exterior” que le hacía llegar al congreso varios documentos. “Su tenor es reducido a que cumpliendo con la instrucción del Soberano Cuerpo por la que había diferido hasta aquí en concluir ninguna especie de tratado con la Corte del Brasil sin comprometer la buena armonía, era llegado el momento en que sin estrechar con nuebos vínculos las relaciones subsistentes era inevitable una ruptura que seria nuevamente funesta a las dos partes y que poniendo el prospero estado de nuestros negocios y la esperanza de nuevos progresos, podíamos lisongerarnos de conseguir una transacción en las actuales circunstancias de que no nos desdeñaríamos ni de entre las embriagueces de los mayores triunfos” y se hablaba del monarca brasilero “cuya sola vecindad era considerado un peligro” y se solicitaba se sancionara el proyecto de tratado. El 14 de octubre se dispuso que “ningún representante Nacional admitirá cargo, empleo o comisión mientras dure en el exercicio de su representación: si lo admitiere, perderá esta a menos que su Pueblo lo reelija en cuyo caso se servirá el empleo por sustituto”. Muchas eran minuciosas y hartantes disposiciones que seguramente hicieron bostezar a más de uno de los diputados. El 29 de octubre se discutió sobre los desertores y se estableció: “hallándose abolido el articulo del referido Reglamento que impone al desertor por primera vez la pena de muerte y calidad agregada de no valerle la excepción regirá en adelante la ordenanza militar y pena que ella establezca”. Se decía luego que quede libre de enganchamiento el soldado que denuncie un desertor que sea aprendido. El Director del Estado hacía notar que aunque pareciera ventajoso a primera vista por el estimulo que contienen para la recuperación de los desertores “puede sin embargo producir perjuicios muy notables a la conservación de los exercitos en la misma frecuencia de las denuncias, de las que vendría a resultar que se perderían los mejores soldados por la recuperación de los peores, cosa que era de sentido común el que delataba no iba al ejército y el delatado era sancionado, condenado a muerte o a prisión”. Y de allí que se estableciera: “el soldado que delatare un desertor siendo aprendido, se le gratificará inmediatamente con diez pesos cargados luego al haber que este devengara, y se le abonaran en su filiación dos años para el vencimiento de su empeño o premios de constancia”. Lo de los diez pesos seguramente se le daría un papel porque si de algo carecía el gobierno de ese entonces era de plata. Es interesante lo que se comentaba sobre el carácter de la milicia cívica y se decía que la misma “se compondrá únicamente de los vecinos que cuenten con una finca o propiedad quando menos del valor de mil pesos, como igualmente de los dueños de tienda abierta o de qualquiera que exersa algún arte u otro oficio público”. Es decir los menesterosos o de pocos recursos de acuerdo a esto no intervendrían en las milicias cívicas y como el tema de cargos y escalafones en el ejército se ve era muy importante varias sesiones se dedicaron a aclarar estas cuestiones que no por reiteradas y discutidas eran de interés y valor para los tiempos que corrían. Se discutía por ejemplo sobre el reglamento de la Legión de mérito de Chile que pareciera preocupaba bastante a los que gozarían de ese honor de pertenecer a la susodicha legión, se hablaba también en la sesión del 29 de noviembre de los pleitos “sobre contrabandos y demás ramos y negocios de hacienda, quedando la primera instancia a los Gobernadores Intendentes de Provincia, excepto en los apresamientos y detenciones de buques por los Bajeles de guerra del Estado o por corsarios particulares para cuyo conocimiento continuará el juicio de presas en los tribunales que se hayan establecido”. Es curioso que viviendo como se vivía en esos días los momentos más críticos en la lucha por la independencia se dedicara tanto tiempo en discutir con una minuciosidad exasperante temas tan irrelevantes como el que se decía: “ningún soldado veterano nacional o cívico a quien solo se confía la arma blanca o de fuego para defender la patria y sostener el orden público, podrá hacer uso de ella fuera de facción contra ningún habitante del Estado” y se agregaba: “el que de este modo usare de ella contra cualquier habitante del Estado será juzgado y castigado dentro de tercero día por el respectivo juez para satisfacción de la vindicta pública altamente interesada en la seguridad individual” es decir, se legislaba en una forma que Perogrullo estaría sumamente satisfecho. El 2 de diciembre del 17 se discutió sobre el Decreto de la Libertad de la Imprenta, que dice “las obras que tratan de religión no pueden imprimirse sin previa censura del Eclesiástico” y se decía que cualquier modificación o reforma se haría con arreglo a las leyes de la iglesia”. Vemos que desde los primeros pasos posteriores a la declaración de nuestra independencia el tema de la libertad de imprenta se había convertido en importante. El 10 de diciembre se siguieron discutiendo los artículos del proyecto de tratado con Brasil y que tenía en el artículo 15 la mejor explicación de las razones fundamentales para hacer el mismo. La gravedad de este tratado es que era fundamentalmente contra el principal “enemigo” de las provincias unidas y del Brasil, Gervasio Artigas. Los artículos del mismo mostraban que eran más amigos con los portugueses que con el caudillo oriental. El artículo 15 de marras lo deja bien claramente expuesto: “Se guardará por ambas partes contratantes un inviolable secreto de los artículos cuya publicación o divulgación no se creyese conveniente –que solo se entenderá serlo– los que se expresan a continuación, por lo que quando a pesar de las precauciones que se adopten por parte de las Provincias llegasen a traslucirse algunos artículos de los reservados el Govierno de dichas se obliga a contradecir de un modo solemne y comprometiendo su dignidad si fuere preciso la existencia de tales artículos” y más adelante se puntualizaba: “en el caso de que por la incursión de Artigas y sus partidarios armados en la Banda Meridional se hiciera precisa la cooperación de que habla el articulo tercero será libre al Govierno de las Provincias su publicación de un modo mas o menos solemne. Los artículos restantes quedaran en el sigilo más inviolable mientras que el orden de los mismos sucesos no aconseje otra cosa pero siempre de acuerdo a las partes contratantes”. Fue aprobado suprimiéndose en el la expresión “el Govierno de dichas (partes) se obliga a contradecir de un modo solemne y comprometiendo su dignidad si fuera preciso la existencia de tales artículos” –debiendo sustituirse la siguiente– “Si de algún modo llegaren a publicarse, ambas partes contratantes se obligan a contradecirlo”. Que no la tenían muy clara los congresistas, que lo único más evidente para ellos era que el enemigo se llamaba Artigas lo señala que durante varias sesiones discutían y no llegaban a nada y hasta llegaron a pensar que si el gabinete del Brasil procediese de mala fe y con el designio de faltar a los tratados fortificando entre tanto a la Banda Oriental para negarse luego a entregarla dado que siempre había tenido esas aspiraciones se discutía si eso podría ser causa de censura y reproche de las provincias se dijo que teniendo en cuenta esas consideraciones el congreso aceptaría el tratado y decía como si los congresistas en realidad sabían en el fondo que estaban metiendo la pata pero que no obstante preferían llegar a un acuerdo con el Brasil dejando de lado a Artigas. Y esta duda creemos está expresada en las siguientes palabras: “si era de temerse la censura y reproche de las Provincias en el caso de que aprobado el proyecto en el plan de sus artículos la infidencia del Gavinete portugués nos defraudase los beneficios que presenta su prospecto, no era menos de temerse si desaprobado se coligase con la España prestándola auxilios, medios y recursos poderosos en la posición que ocupan para atacarnos del modo más fuerte y capaz de apurar el conflicto”. Y es que la alcahuetería tenía que ser digna de una diplomacia que marcaría en su bicentenaria existencia la constante torpeza de perder en la mesa de negociaciones lo que ganaban por las armas, siguiendo estrictamente las enseñanzas que a través de los siglos había señalado la madre patria. Así llegaba a Artigas su condición de patriota de jefe natural y responsable del pueblo Oriental, formaba una coyunda a todas luces absurda con los portugueses y mostraba como mostraría nuestro país en muchas oportunidades la más absoluta y absurda ceguera. Y finalmente que el armisticio continuaría en vigor. En sesiones posteriores se hablaba de comunicaciones de comandantes de Entre Ríos en el que se imploraba auxilio para sacudir “el yugo del tirano Artigas”. Pobre Artigas quizá el más patriota de los patriotas de las provincias unidas y quizá el más vilipendiado y desacreditado. El 25 de febrero del 18 Chorroarin abrió dictamen “sobre las notas del Poder Ejecutivo” en orden a la diferencia de las banderas nacionales y a la divisa de los Generales en campaña expuso sobre lo primero que era de parecer que sirviendo para toda bandera nacional los dos colores blanco y azul en el modo y forma hasta ahora acostumbrada fuese distinctivo peculiar de la bandera de guerra un Sol pintado en medio de ella” y luego de la consabida discusión fue aprobado. Otro tema también ¡muy importante! establecía que debían o podían traer bandas los grandes Oficiales de la legión de merito de Chile del modo ordinario y acostumbrado porque la banda que sirve de divisa al Supremo Director del Estado debe diferenciarse de las otras de suerte que jamás se confunda con ellas, etc, etc. Como vemos gran parte de los temas que trataba el Congreso Nacional eran realmente para preguntarse si estos diputados tenían conciencia de los difíciles tiempos en que vivían y lo perdían en minucias protocolarias de ninguna o poca importancia. El 7 de abril de 1818 el Congreso mostró su preocupación ante una comunicación del Supremo Director en el que “se reducía a hacer presente a la Soberanía lo importante de adoptar una medida para cohibir los gravísimos perjuicios que sufría el comercio Nacional por la reprensible conducta y manejo de los empleados en las rentas del resguardo siendo insuficientes quantos arbitrios se tomaban para evitar el contrabando”. Y este tema vemos que fue una constante desde los tiempos del virrey Loreto (1786-88) apenas inaugurado el consulado, siendo el más destacado ladrón el padre de Manuel Belgrano. Lo que preocupaba al Congreso seguiría siendo una curiosa y lamentable constante hasta nuestros días. Y como también fue constante la búsqueda de recursos salieran de donde fuera, nos informamos que el 13 de abril se presentó documentación al Congreso del “ex procurador de la cofradía de San Benito de Palermo de esta Ciudad sobre poner en cobro los fondos quantiosos de dicha Hermandad que paraban muchos años en manos de particulares o desde que servia de Capeyán de ella Fray Casimiro Ybarrola”. Fue muy común las denuncias contras frailes, sacerdotes y demás, ladrones y hasta asesinos como contó Vicente Fidel López en su voluminosa historia, todas de los tiempos que cronicamos y así la particular forma de manejar dineros del fraile Ybarrola fue bastante común. En sesión extraordinaria del 11 de junio se discutió una nota del Supremo Director “para que en atención a no ser posible al Estado soportar los gastos que demandan a la subsistencia de tantos prisioneros de guerra como existe en las Bruscas (este verdadero campo de concentración ubicado en la zona de Dolores albergaba a gran parte de los españoles que luego de la Revolución de Mayo fueron tomados prisioneros y que vivieron varios años en condiciones penosas sufriendo toda clase de penurias. Sobre las condiciones realmente espantosas de los prisioneros españoles existen memorias y trabajos históricos) y muchos más que se esperaban de Chile de un día para otro, a pesar del donativo de ganados a que se ha invitado la campaña para este objeto, se disponga que los españoles pudientes de toda la provincia sufraguen proporcionalmente el gasto diario que causen dichos prisioneros”, se puso en votación el proyecto y quedó sancionado. Y seguían y seguían las sesiones como vemos la mayor parte de poca o ninguna relevancia que correspondía, entendemos, más bien a cuestiones que podían haber resuelto con toda felicidad los cabildos respectivos. Vemos así que el 15 de junio se decía: “sobre una nota al Congreso en la que Don Manuel Luis de Oliden solicitaba una distinción arreglada a su merito para quando concluyera el Gobierno de esta provincia y no habiéndose aun decidido la consulta que con aquel motivo había hecho el Supremo Director del premio que podría acordarse a estos magistrados” había sido condecorado por decreto con los honores de gobernador de provincia. Otro tema ¿muy importante? era el decreto concediendo el Poder Ejecutivo a los hijos del Brigadier don Antonio González Balcarce una pensión vitalicia de 600 pesos, pensión que el Congreso le apuntaba al Director diciéndole que ese privilegio solamente podía ser otorgado por dicha institución. Como seguimos viendo el Congreso vivió tapado de burocracia. Al extremo que en la sesión del 23 de junio se le reconvenía al Supremo Director “reconsidere el decreto por el cual concedió honores de Gobernador de Provincia a Don Manuel Luis de Oliden” pues esos honores los debía conceder el Congreso, muy puntillosos como vemos a la hora de discutir pavadas. En una sesión del 2 de julio del 18 una presentación del ciudadano Diego Soria nos muestra que mientras muchos dejaban todo por la patria y su independencia otros seguían obsesionados por ganar dinero. Diego Soria parecía arrepentido de una nota que había elevado al congreso y pedía se la devolvieran, en ella solicitaba “el privilegio de introducir efectos desde Francia libres de derechos fundando esta gracia en los grandes sacrificios hechos a la patria”. Y el congreso no hizo otra cosa que cumplir con este pedido de alguien que se arrepintió de haber mostrado la hilacha. La sesión extraordinaria del 16 de julio es por demás demostrativa de la cursilería imperante en estas instituciones más que nada que todos esos boatos y solemnidades se llevaban a cabo cuando del otro lado de la cordillera San Martín peleaba no contra los enemigos a los que ya había derrotado en Chile sino contra la indiferencia de todos aquellos que ya creían cumplida la tarea y se dedicaban mutuos y calurosos elogios. Veamos como era la cosa, se dijo: “el día 9 se reunieron los señores Diputados a las once del día para recibir las felicitaciones del Supremo Director y demás autoridades del Estado. Llegada que fue la comitiva y habiendo tomado su asiento el Director Supremo pronuncio una plausible alocución que causó el mayor agrado a todo el numeroso y lucido concurso”. José Malavia por entonces presidente del Congreso le endilgó a su vez otro larga perorata de las que entresacamos algunos conceptos “a manera de un encanto venéfico corrió V.E. de uno al otro ángulo del territorio, medito y mando ejecutar empresas que enriquece los anales de nuestra regeneración y señalan el periodo de su gobierno: Paso de los Andes, Victoria de Chacabuco y Maipo son los breves delineamentos en que por ahora es cifrado el manto de V.E.” y como en esto de adular al poderoso los pueblos americanos han emulado siempre a España continuaba el ditirambo: “no es este el Timbre que el dedo Soberano señala en el ciudadano Pueyrredón a la pública estimación, aun hay otro motivo superior. En el tumulto de las pasiones y contradicción de intereses y resentimientos personales V.E. ha establecido el imperio del orden y fraternidad fixando sobre él la opinión del viejo mundo hacia nuestras aptitudes”. Y como la cosa venia fácil endilgó unos versitos que decían: “Muy antes cantaron sentenciosamente los filósofos hombre que no puede errar: Mano incapaz de perder; todavía ha de nacer” El 17 de julio el congreso conoció del juicio a Cornelio Saavedra en el que decía que debía ser repuesto en el grado y ejercicio del empleo de brigadier con abono integro por las cajas generales de todos los haberes que dejó de percibir. Y es que pasaba el tiempo, mucho tiempo y recién se le daría satisfacción al presidente de la Junta de Mayo. El diputado Gallo hizo “una indicación que fue apoyada, de que habiéndose ya sacado las copias necesarias del proyecto de Constitución, que acababan de repartirse a los señores diputados se designasen los días de la semana que exclusivamente debían destinarse a su discusión”. No se resolvió la cuestión porque el congreso debía trasladarse a otra casa a los pocos días por el mal estado que se encontraba en la que deliberaban, las sesiones se suspendieron y continuaron el 27 de julio. El 30 de julio recibió el congreso nota del Director sobre la comunicación de Bernardino Rivadavia que hablaba de sus gestiones en Europa. Protestas contra Inglaterra, reflexiones del embajador de Rusia en Madrid y comunicaciones con funcionarios españoles. Aunque no faltó el congresista meticuloso que puntualizó que faltaban noticias respecto a las relaciones con Estados Unidos y el Brasil. Para las instrucciones a Rivadavia y pensando que alguien podría enterarse indebidamente se estableció que las mismas serian hechas en clave, también el 19 de septiembre se habló de la necesidad de enviar a Estados Unidos un comisionado con objeto de obtener el reconocimiento de la independencia, se habló de la falta de recursos aunque al no reconocerse anteriormente a un cónsul, igual desaire se haría al comisionado que se ha nombrado. El 31 de julio el presidente expresó que debía empezar el Congreso a ocuparse de la grande obra de discutir el proyecto de constitución. Ya había un informe previo por lo cual además de las muchas obviedades que se dijeron comenzó el trabajo más o menos serio pero trabajo al fin. El primer articulo expresaba: “La religión católica apostólica romana es la religión del Estado; el Gobierno le debe la más eficaz protección y los habitantes del territorio todo respeto cualesquiera que sean sus opiniones privadas y en el articulo segundo seguía que la infracción del articulo 1º “será mirada como una violación de las leyes fundamentales del País”. Algunos diputados dijeron que era un artículo redundante pero eso quedó remachado. También se dijo que como se habían roto las relaciones con el Vaticano habría que reanudarlas a pesar de la guerra y así entre otros temas que nada tenían que ver con la constitución como la baja del arancel de aduana sobre tabaco y yerba y otros asuntos y como el fárrago de problemas menores entorpecía la labor del congreso se expresó que el congreso de desembarazara de las consultas y asuntos pendientes y pidiendo que se continuase el examen del proyecto. El 7 de agosto siguió con la discusión de la constitución y se decía: Art. 3 “El Poder Legislativo se expedirá por un congreso nacional compuesto por dos cámaras: una de representantes y otra de senadores”. Y como todo era medio trabajar en el aire se habló de “usar de la circunspección necesaria para no sacrificar a mera teorías, o al prurito de ideas originales aquellos principios de organización social que daban la experiencia”. Se habló de las constituciones de Inglaterra, de Estados Unidos que eran dignas de imitarse y ya se dijo que de una y otra no se ha trepidado en adoptar la que ha creído mejor y para mostrar cierta originalidad se decía: “y más consistente con la diferencia de nuestras circunstancias nacionales”. Y como una verdad de a puño se agregaba: “La división del Cuerpo Legislativo asegura la permanencia de la constitución, da una grande respetabilidad a las Leyes y precave su instabilidad: objetos todos de supremo interés público que no pueden consultarse de igual modo en el sistema de la unidad”. Si bien hacían referencia a las constituciones de Inglaterra y Estados Unidos nadie habló que ellas eran fruto de la experiencia, de las necesidades y propuestas en el caso específico de Estados Unidos por cada una de las trece colonias. Todas propusieron en un pie de igualdad cuestiones de la constitución definitiva y no surgió ni de copia ni de hipótesis. De que se hablaba en el aire lo muestra el art. 4 que decía muy claramente “la Cámara de Representantes se compondrá de Diputados elegidos en proporción de 1 por cada 25.000 habitantes”. Lo curioso que nadie sabía cuánta población había ni en Buenos Aires, ni el interior como La Rioja por ejemplo de acuerdo a esos 25.000 habitantes que no tenía, quizás no llegaría ni a tener un solo diputado. La proporción de representantes se debía hacer según un cálculo aproximado de la población total del territorio y una cámara de diputados de 50 o poco más representantes, en fin. Y en sesiones posteriores se discutía que la representación fuese por Provincias y otros por Pueblos y se siguió discutiendo que no era bueno el sistema y así por el estilo. El 21 de agosto se continuó en las reflexiones en defensa de la opinión que trataba de sostener en la constitución el método de elecciones de diputados por ciudades y villas. En verdad estas discusiones no sabiendo ni cuantos eran los habitantes, haciendo unos cálculos de los mas complicados para ver la representación que podían tener, considerando que los pueblos y villas si tenían enfrentamientos con el poder de cada provincia tenían que tener sus representantes, mostraba desde el vamos que era todo un verdadero galimatías. No obstante en sesiones posteriores se votó que por cada 25.000 habitantes se elegiría un diputado. Y como la cosa iba en serio en el art. 5 se hablaba de “los miembros de la Cámara serán compensados por sus servicios en la cantidad y del fondo que señale la Legislatura siendo su distribución del resorte exclusivo de dicha Cámara”. Nadie podría ser elegido si no tenía siete años de ciudadano y 26 años de edad. El 25 de agosto se presentó la copia de los poderes conferidos en septiembre de 1818 a Rivadavia, lo más lamentable era que en el proyecto de instrucción en el articulo 2º se decía algo realmente lamentable porque por un lado San Martín en Chile y muchos argentinos en el norte se jugaban la vida por lograr reafirmar lo que el mismo congreso había dispuesto el 9 de Julio del 16. Y ese mismo congreso promediando dos años después negociaba por dinero lo mismo que por las armas muchos argentinos buscaban lograr definitivamente. Decía el artículo 2 de marras: “Podrá contratar con la España el reconosimiento de nuestra Independencia por una suma de dinero, cuidando y esforzándose en consultar el menor perjuicio posible de los Pueblos tanto en la cantidad como en la forma y tiempo en que se ha de pagarse, incluyéndose todo el territorio que comprendía el Virreinato de las Provincias en el año de 1810 y procurando también emprender igual negociación respecto del Estado de Chile con los poderes de el y correspondiente instrucciones siempre que se las remitan y virreinato de Lima según las circunstancias”. Como vemos algo que aun hoy vista la cuestión con perspectiva histórica creemos realmente lamentable. Y el 31 de agosto se hablaba para evitar el caos y las arbitrariedades, el despotismo, etc, etc. que la comisión en su proyecto “ha llevado la idea de apropiar al sistema gobernativo del país las principales ventajas de los gobiernos monárquico, aristocrático y democrático, evitando sus abusos” y se agregaba muy suelto de cuerpo: “el gobierno monárquico es ventajoso por la unidad de los planes, por la celeridad de la ejecución y por el secreto de modo que tan respetable a los agitadores del orden público como los enemigos exteriores con una mano previene los complot que amenazan interiormente y con la otra contienen las invasiones de afuera. El gobierno aristocrático es ventajoso porque los negocios públicos son manejados por hombres eminentes y distinguidos que han tenido proporciones para educarse brillantemente y adquirir los talentos necesarios para desempeñar sus cargos con acierto y esplendor. El gobierno democrático es ventajoso por la elevación y seguridad que inspira a todos los Ciudadanos el derecho de tener parte en la formación de las Leyes que han de obedecer en las elecciones y demás transacciones públicas en que se hayan altamente interesadas”. Todo mostraba que el potpurrí o el coctel elaborado o pensado sería en definitiva bastante intomable. Y en la discusión posterior se hablaba de una suerte de democracia bien calificada pues los representantes tenían que tener al menos cuatro mil pesos de fondo. En fin, y en el art. 6 de la constitución se establecía que además de los siete años de ciudadano, y 26 de edad podría ser tenido en consideración el arte, profesión, oficio útil que sea del fuero común y que no fuera empleado a sueldo del Ejecutivo. Y como se daban cuenta que eran muchísimas las cuestiones menores que debían tratarse en el congreso y no la más importante que era la elaboración de la constitución se dijo que debía esos temas dilatorios tratarlos una comisión. Y se siguió discutiendo, cuanto durarían, como se reemplazarían, etc. etc. El 2 de septiembre se estableció en un articulo muy breve quizás el tema fundamental que tenía que tratar o que debería tratar el congreso futuro: “la Cámara de Representantes tiene la iniciativa en materia de contribuciones, tasas e impuestos, quedando al Senado la facultad de admitirlas, rehusarlas u objetarlas reparo”. Eso mostraría que la más importante función del congreso, que fundamentalmente para ello se creaba, mereció un brevísimo artículo, mostrando una suerte de errática conducta que no tenía nada que ver con los antecedentes de Inglaterra y Estados Unidos. El art. 10 decía que “la Cámara Representante tenia el derecho privativo de acusar de oficio o a instancias de cualquier ciudadano a los tres poderes, a los ministros, arzobispos, obispos por los delitos de traición, concusión, malversación de los fondos públicos, infracción de la constitución y otros que según las leyes merezcan pena de muerte o infamia”. No estaría mal que esas mismas disposiciones se aplicaran 200 años después en estos tiempos de traición a la patria, malversación de los fondos públicos y todo aquello que agreda la constitución en el siglo XXI: “Pena de muerte o infamia”. Habría más de un colgado en las plazas públicas. Se discutió si convendría nombrar más senadores y se dijo que tendrían el cargo de senadores tres militares cuya graduación no bajara de coronel mayor y se estableció dar plaza de senadores al obispo de la diócesis donde reside el gobierno a otro elegido por los demás de las provincias y a tres eclesiásticos. Como vemos estas elecciones por corporaciones se adelantaban en mucho a lo que siglo después deseaban los fachistas. Y quedó así el art. 11: “formaran el Senado un Senador por cada Provincia: tres Militares cuya graduación no baje de coronel mayor; el Obispo de la Diócesis donde reside el gobierno, tres Eclesiásticos; un Senador por cada universidad (había dos, Córdoba y Chuquisaca) y el Director del Estado concluido el tiempo de su gobierno. El 19 de septiembre el Supremo Director se preguntaba acerca del juicio de residencia para todos los funcionarios públicos concluido el término de su oficio y que el mismo debería practicarse con los gobernadores y tenientes gobernadores que obtenían sus empleos antes de dicha ley. Es decir si también les cabía a ellos y se estableció que sería luego sancionado dicho reglamento. Y como la desconfianza con Brasil era mucho respecto a su política de la Banda Oriental se encargaba al enviado a la corte brasilera “recavar nuebas seguridades de que aquellas Corte observará entre nosotros y la España una imparcial y estricta neutralidad y que su conducta sucesiva será exactamente conforme a este principio y a las intenciones benéficas que S.M.F. ha declarado”. En realidad no hace a esta visión de las actividades del congreso seguir un orden cronológico estricto sino mostrar algunos de los rasgos más significativos. Muchas de las sesiones en estos meses se centraron en la necesidad de realizar empréstitos voluntarios para conseguir fondos pues el estado no tenía sino muy pocos medios y éste pensamiento de creer que los pueblos generosamente contribuirían de manera voluntaria a paliar en parte el déficit del estado fue motivo de una larga exposición del diputado Funes (Córdoba) y terminaría el mismo congreso reconociendo su fracaso. Lo curioso es que se otorgaban “prestamos” para realizar distintas tareas mostrando que el congreso mucho de lo que hizo no pasó de ser sino aspiraciones utópicas y así mientras sesión tras sesión se legislaba minuciosamente sobre protocolos, sobre las condiciones que debían reunir los representantes, de que los senadores debían tener propiedades por lo menos de ocho mil pesos se llegaba a decir en las “Atribuciones del congreso” que al mismo correspondía formar las leyes que regirían el territorio de la Unión; decretar la paz y la guerra; establecer derechos; y por un tiempo que no pase de dos años imponer para la urgencia del Estado contribuciones proporcionalmente iguales en todo el Territorio y además fijar a propuesta del PE la fuerza de Línea de Mar y Tierra para el servicio del estado en tiempo de paz. En la sesión del 13 de noviembre se trató un tema por demás curioso informándose el congreso de una nota del Ejecutivo de la proliferación de impresos originados en Montevideo y difundidos “por sugetos bien conosidos en este Pueblo por su genio díscolo y por su constante aversión a la administración presente que no obstante las medidas de precaución que ha adoptado no zesan de introducirse en términos que anuncian un plan de un general desquiciamiento pues comprenden en ellos a las personas más respectables de la Nación” y decía más adelante que “teniendo fundadas sospechas que no desistirán los conjurados de Montevideo de continuar incendiando el País con estos libelos proponen al Soberano Congreso dos medidas radicales”. Cerrar el Puerto de Montevideo y reclamar al gobierno de Brasil la expulsión de los que consideraban autores del “Complot incendiario” y luego internar al interior del país los agentes que tienen en Buenos Aires los “corifeos de Montevideo”. Además de las armas, de la diplomacia la guerra de comunicados se hacia presente. Una sesión particularmente interesante es la del martes 10 de noviembre del 18, pues en ella el Supremo Director había enviado el expediente “creado sobre el establecimiento de una Casa de Moneda y Banco de Rescate para facilitar el laboreo de las ricas Minas de Famatina”. Como vemos y ya en otras sesiones se extenderá más esta cuestión, muchos años antes que la acción que hizo Rivadavia para apropiarse de las minas del Famatina el congreso habló de esta cuestión, pues era prioritario en ese entonces sustituir la provisión de la riqueza del Potosí que no llegaba más a las Provincias Unidas. Y como la cosa referida a la pobreza total de medios no arredraba para nada a los representantes se decía en el capítulo 4º del proyecto de constitución que la legislatura tenía injerencia en: “mandar construir y equipar una Marina Nacional; recibir empréstitos sobre los fondos del Estado; crear y suprimir empleos de toda clase; reglar el Comercio Interior y Exterior; demarcar el territorio del Estado y fijar los limites de las provincias y seguía y seguía la lista interminable de algo que era una utopía, y como los tiempos críticos para nada estorbaban la dinámica legislativa se refirió el congreso a la naturaleza del Poder Ejecutivo que sería ejercido por un Director del Estado, natural del territorio, con diez años de residencia y 35 de edad. Y tanta meticulosidad mostraba el Congreso que hasta estableció el juramento que debía prestar el Director: “Yo N. juro por Dios nuestro Señor y estos Santos Evangelios que desempeñaré fielmente el cargo de director que se me confía: que haré cumplir la Constitución del Estado: protegeré la R.C. y conservaré la integridad en dependencia del territorio de la Unión”. Duraría cinco años, si moría lo reemplazaría el Presidente del senado, seria elegido por las dos Cámaras, etc, etc. El 17 de noviembre el Presidente del Congreso, el Diputado por Jujuy dado que le habían quitado la representación de su provincia expresaba que no permitiéndole su pundonor que se postergase por más tiempo el asunto de las medidas indicadas por la calificación de las actas de su remoción pedía a la sala que tratara su difícil situación (haber dejado de ser diputado por Jujuy y presidir el congreso) pues afirmaba Bustamante no quería que esa demora se debiera a su presidencia. El tema del Famatina fue motivo ya finalizando el año 18 (19 de noviembre) de amplia discusión. Se pensaba en un Banco de Rescate de plata en pasta y Casa de Moneda y obtener los fondos necesarios por empréstitos o acciones. Se decía que era facultad del Supremo Director el establecimiento del Banco de Rescate en La Rioja previniéndole disponer el establecimiento de la Callana de fundición. “Y en quanto a la Casa de Moneda, considerando que no es de absoluta necesidad para la subsistencia del primer establecimiento (Banco de Rescate) ni para el progreso de los minerales, ni para la previsión de numerario que puede efectuarse para la amonedación en Chile y las pastas que produzcan, mientras se van observando los progresos del mineral del Famatina y otros del territorio se contraiga la atención del Gobierno por ahora a la formación del primer establecimiento y aumento de sus fondos con los productos libres de la Callana, preparando la construcción de la Casa de Moneda y sus máquinas que debe hacerse en el territorio más bien indicado”. Y es que el tema de haberse realizado podría haber sido realmente una buena solución. Todos los proyectos de banco, etc, etc, fueron aprobados por unanimidad. Ninguno se concretó. Y como aquella idea de formar una constitución con elementos de la monarquía, la aristocracia y la democracia le seguía pegando en la cabeza a los representantes se le otorgó al Supremo Director muchas facultades casi casi de Soberano Monarca, jefe supremo de todas las fuerzas de mar y tierra, convocar extraordinariamente al Congreso cuando así le exija el interés del país, publicar la guerra y dirigir los ejércitos de mar y tierra para defensa del Estado y ofensa del enemigo… en fin, el hombre se convertía en una suerte de superman criollo. Y el mismo mostrando que más o menos no lo era tanto el 9 de diciembre comunicaba que por varias heridas sufridas en su mano derecha no podía firmar, por lo que el congreso dispuso que cada secretario firmara lo pertinente. El congreso pasaba de discutir cosas serias a verdaderas banalidades. Días después se estableció reconociendo que a los “beneméritos” como desgraciados emigrados del Alto Perú se les auxiliase con alguna suma que al menos por tres o cuatro meses los arranque del lamentable estado en que se ven por fieles a su patria. Seguramente dadas las finanzas o la inexistencia de las mismas poco habrán solucionado los “beneméritos” sus problemas. A fines de diciembre se facultaba al Poder Ejecutivo “para exigir un nuevo empréstito en la cantidad de 500.000 pesos avisándosele en la comunicación que el Congreso resolvería en orden a las contribuciones luego que formalizado el plan se le pasase para su examen. Y este empréstito lo motivaba las urgencias del ejército del Norte (Belgrano) y el de San Martín “en que encarecía la urgencia de esta medida para no malograr todos los trabajos gloriosos de aquel exercito”. Las sesiones secretas pasaron del 24 de diciembre a marzo del 19, el día 4 se discutió si se dejaba al ejecutivo fijar las condiciones bajo las cuales había de prestar la garantía de los dos millones de pesos que facilitan algunos comerciantes ingleses al Diputado de las provincias federadas de Nueva Granada (Colombia – Venezuela) para el apresto y remisión de un cuerpo de tres mil hombres y otros auxilios a aquel punto y a México, se sancionó por mayoría. Este curioso préstamo era para organizar fuerzas que fueran a pelear en aquellas lejanas latitudes, algo realmente inverosímil si consideramos la poca liquidez de las arcas de las Provincias Unidas pues los comerciantes ingleses también pedían garantía no solamente de estas sino también de Chile. Garantías por supuesto que de prestarse a aquella millonaria suma alguien algún día se las devolvería, algo por supuesto muy difícil de asegurar. Y vemos que el Congreso en realidad votaba cosas irreales como lo muestra que el 12 de marzo el Supremo Director solicitaba “una autorización competente para poder admitir las propuestas que hagan los propietarios españoles cediendo a beneficio del Estado la mitad de las propiedades que existen ocultas con tal que se les deje la otra mitad, el que leído dice: “que el Poder Executivo admita las denuncias que hagan voluntariamente los mismos propietarios de los bienes o intereses que les pertenescan garantiéndoles la mitad de las propiedades denunciadas a cargo de que entreguen la otra mitad en la tesorería general del Estado y que recaudándose esta por los ministros generales, si fuesen liquidas, se determinen en caso de no serlo por la Intendencia de provincia las dudas que ocurran conforme a derecho” y por supuesto la mayoría votó por la afirmativa. A los comerciantes españoles o a los españoles directamente ya hacía casi una década que se los estrujaba meticulosamente para que pagaran por los gastos de la independencia de España. El congreso mostraba a pesar de los tiempos difíciles una actitud que hoy mismo no cabe sino encomiar. Así se decía ya en marzo del 19 que: “La libertad de publicar sus ideas por la prensa es un derecho tan apreciable al hombre como esencial para la conservación de la libertad civil de un Estado” y se agregaba en otro artículo que: “Las cárceles solo deben servir para la seguridad y no para castigo de los reos. Toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más de lo que exige su seguridad será corregida según las Leyes”. Y como la cosa se ve que era bastante crítica ya en marzo se hablaba de conspiraciones, peligros para la tranquilidad pública, lo que llevaba a la creación de una comisión militar y es que espías y conspiradores, seguramente, se encontraban en todas las esquinas. Se hablaba del derecho del ciudadano a la inviolabilidad de su morada que únicamente podría serlo con la presencia del Juez y también del derecho sagrado e inviolable de la propiedad. Y dos artículos (139 y 140) nos conmueven por el sentido de respeto a la humanidad que los inspiró, decía el primero de ellos “siendo los indios iguales en dignidad y en derechos a los demás ciudadanos gozaran de las mismas preeminencias y serán regidos por las mismas Leyes. Queda extinguida toda tasa o servicio personal bajo cualquiera pretexto o denominación que sea. El Cuerpo Legislativo promoverá eficazmente el bien de los Naturales por medio de Leyes que mejoren su condición hasta ponerlos al Nivel de las demás clases del Estado”. Y en el segundo se establecía: “Queda también constitucionalmente abolido el trafico de esclavos y prohibida para siempre su introducción en el territorio del Estado”. Sería recién por la constitución del 53 que esto en realidad se concretaría, casi 35 años después. Y como todo estaba entremezclado tipo feria persa el 10 de marzo se consideró constituir una comisión del congreso nombrada “para el despacho de los asuntos no constitucionales”. Los fabricantes de sombreros de Buenos Aires pedían se aumentara los derechos de importación de sombreros extranjeros. Es decir, la ciudad, vemos, estaba muy preocupada de qué ponerse arriba de la cabeza. Los incidentes ocurridos en San Luis por el motín de los españoles prisioneros (donde intervendría Facundo Quiroga) fue causa de felicitaciones del congreso y facultando al Poder Ejecutivo para acordar gracias. Algo que siempre fue una constante en este congreso fue la reiterativa preocupación por temas de protocolo y así fue como el 22 de abril se decía que habiendo concluido el día anterior “la lectura, examen y aprobación de los artículos de la constitución, según los había extendido la comisión, y siendo precisamente reducida la presente sesión a votar sobre si quedaría sancionada en el todo como se hallaba prevista últimamente por el Congreso, recogidos los sufragios de los presentes y de los que no habían asistido a la sala, quedó sancionada la constitución unánimemente y acordado en su consecuencia que se imprima y se pase al Poder Ejecutivo para que la mande publicar y executar en todo el distrito de la unión”. Y decíamos esto del protocolo pues se discutió si la cámara de justicia concurriría a la apertura de las sesiones; si los tres poderes reunidos en esta ocasión tendrán el tratamiento de Soberanía y Soberano Señor y finalmente sí el poder ejecutivo sería tratado como Alteza de palabra y escrito, algo que sí fue aprobado posteriormente. El 26 de abril los diputados firmaron la constitución y ese mismo día el Supremo Director comunicaba que habiendo terminado el término de su supremo mando se debía darle un sucesor. Y trascartón se discutió si a las dos cámaras reunidas se le debía dar el título de “Alteza serenísima” o “Alteza Soberana”, se estableció además que en la reunión ocuparan el ala derecha de la sala los senadores, la izquierda los representantes e inmediatamente los miembros de la justicia. Y tema muy importante se discutió “el proyecto sobre la insignia que devian usar los senadores y representantes, quedó resuelto: “que unos y otros durante el tiempo de sus cargos traigan el distintivo de un escudo de oro, orleado con dos ramos, uno de oliva y otro de laurel en cuyo centro se halle gravado este lema: “Ley” y que tanto los senadores como los representantes puedan cargar dicha insignia, no solo dentro sino también fuera de la sala, trayéndola colgada al cuello aquellos con un cordón de oro y estos con uno de plata. Los miembros de la alta cámara de justicia vestirían toga y llevarían colgado del cuello por un cordón de oro y plata un escudo de oro con el lema: “Justicia”. En fin, no había un mango ni remachado pero los entorchados y pompas tenían que ser de mucho nivel. Pero por más que se discutiera alegremente todas estas insignias y demás el 13 de mayo se leía comunicaciones del Supremo Director solicitando se le facultara para exigir del comercio de la capital un empréstito por 200.000 pesos. Y es que el año anterior entre pitos y flautas el estado había recaudado voluntaria o involuntariamente 716.596 pesos de empréstitos habiendo un déficit de 255.378 pesos. Como vemos las cuentas eran no sé si muy claras pero si muy dolorosas. El 19 de mayo el director exigía se erigiera una universidad en la capital con derecho de conferir grados en todas las facultades y que se le facultara para proceder a su elección bajo formas provisionales. En una de las sesiones posteriores doña Xaviera Carreras confinada en la guardia de Luján pedía se le permitiera pasar a la ciudad a repararse de sus enfermedades. Las precarias condiciones financiera obligaron al congreso a establecer una larga lista de impuestos por ganados, trigos, molienda, naranjas, etc, etc. El 28 de junio una curiosa nota del Director hacía presente “que la administración de correos de esta capital se haya en estado de que ni el gobierno tiene el menor conocimiento de su economía, renta y manejo y existe otra persona que lo tenga sino el administrador actual don Melchor Albin, que este individuo toca ya el último tercio de su vida y que se si llega a fallecer sin que anticipadamente se hayan tomado medidas para adquirirse los conocimientos a la buena administración de aquella renta, todo será confusión y un desorden que habrá de desquiciarla infaliblemente”. ¡A jubilar a don Melchor y sustituirlo por un hijo del país! El 6 de julio se hizo una reforma de empleados y sueldos en las secretarias de gobierno, hacienda y guerra. Pocos eran los empleados, cinco oficiales en cada una de las secretarias uno archivero, uno oficial de relaciones exteriores y unos poquitos más. 200 años después más de 3.000.000 de empleados públicos. “Los tiempos de antaño poco siguen hogaño”. El 8 de julio Castro Barros informó al Congreso. “Que habían pasado dos años en que sin conocer al coronel Diego Barrenechea si solo por la noticia de que era un minero practico había suplicado al Supremo Director que se le colocase en la tenencia del gobierno de La Rioja con el objeto de que visitando el mineral informase a la supremacía lo conveniente para el progreso de aquel ramo tan interesante a la Patria y que en efecto su Excelencia (el Supremo Director) con el mismo fin otorgó sus súplicas pero que desde poco tiempo después de su posesión en aquel Gobierno varios vecinos respetables le habían comunicado por cartas confidenciales hechos muy remarcables de inmoralidad que tenían escandalizado a aquel vecindario y que demandaban el más pronto remedio los que por efecto de prudencia había disimulado esperando que con la publicación y juramento de la Constitución se remediarían en mucha parte aquellos males contra los cuales no había reclamado al Cabildo ni el Pueblo por el terror pánico que les había infundido y el rezelo de que por las circunstancias de la revolución no se escuchase su reclamo y se empeorase su situación. Más que habiéndose ya jurado la Constitución el dicho Barrenechea había quebrantado en el mismo día y el siguiente arrestando a un vecino sin causa ni sumaria exponiendo el Comercio y el Pueblo una contribución” Castro pedía al Congreso que tomase alguna medida. El 27 de julio el diputado por Córdoba Funes presentó un larguísimo y meticuloso proyecto para que todos los ciudadanos que podían hacerlo contribuyeran voluntariamente con objeto de gravar a 78.000 personas en las provincias libres para que contribuyeran voluntariamente. Se establecerían doce clases que se tasarían progresivamente por mes, las más pobres pagarían un real y la superior doce reales. El total de lo que se recaudaría produciría la bonita suma de 546.000 pesos. Y el meticuloso cura y representante elaboró unas muy convincentes tablas que ratificaban la seriedad de su proyecto. Y se expresaba que se imprimiría un pliego conteniendo la resolución del congreso sobre ésta contribución voluntaria incluyendo la tabla de repartimiento y se decía además: “quedará al arbitrio de los individuos suscribirse según su querer y sus facultades en qualquiera de las clases que señalan los doce pliegos”. Al efecto, los alcaldes de barrio asociados de dos sujetos de reputación nombrados por el Excelentísimo Cabildo pasaran a cada casa de su respectivo cuartel (barrio) a recibir las suscripciones. La recaudación se hará cada mes por un individuo de cada manzana que deberá entenderse con los tres primeros. Y se afirmaba con toda autoridad: “El destino único de este fondo será el de la paga y mantenimiento de los exercitos cuyo objeto siendo por si tan recomendable es de esperar haga más copiosa la concurrencia de los contribuyentes”. El curioso proyecto de Funes seguramente tenía como antecedente la milenaria capacidad de la iglesia de ser experta en recibir limosnas pero lo cierto que pecaba de una absoluta ingenuidad pues muchos patriotas eran muy patriotas pero también muy esquilmados. El 28 de julio Doña Angela Baudrix suplicaba considerase una anterior nota en orden a restituir a su esposo el coronel Dorrego si era conciliable su venida con la seguridad y tranquilidad pública. El Supremo Director comunicaba al congreso pocos días después que “penetrado” de las urgentes necesidades de la patria que motivaban las saludables reformas de que se ocupaba el Soberano Congreso exponía: “que en obsequio de la salud de la patria y constantes en los sentimientos de honor, desinterés y celo había resuelto ceder en beneficio de esas mismas necesidades la parte de sueldo que la soberanía se dignase señalar por si misma, porque no era justo vivir con explendor cuando ella reclama de sus hijos sobriedad y moderación”. Todo muy encomiable y digno de elogio pero la verdad que Juan Martín de Pueyrredón era riquísimo por partida doble. Porque él era hombre de fortuna y además por haberse casado no hacía mucho tiempo con una hija de Francisco de Tellechea, uno de los españoles más ricos en tiempos de mayo que él, Pueyrredón, había mandado fusilar por revolucionario casándose ipso facto con la hija del aquel. Por lo cual el tan cacareado desprendimiento era bastante cuestionable. El 30 de julio el Supremo Director expresaba “los gravísimos males que resultan y deben temerse del deplorable estado de la marina Nacional por falta de fondos para su habilitación lo que representa en precaución de su responsabilidad a fin de que el Congreso medite los recursos que en tales circunstancias deben adaptarse por cuia falta ha sucedido lances de malísima consecuencia en descrédito de la nación como la escandalosa fuga cuyos resultados son sensibles de la Corveta Horacio, la de la goleta Congreso, y el robo último de uno de los buques de cabotage” y como era ya una suerte de manía el congreso discutió si debía imponerse prontamente a los españoles europeos un empréstito de 300.000 pesos y como siempre se constituyó una comisión al respecto. Lo que sí es bueno notar que hacia rato y también en esos tiempos que las provincias unidas otorgaban patentes de corzo a barcos con la bandera nacional que tenían como misión depredar todo lo que se les viniera en gana pero siempre sirviendo la causa. El diputado Funes había elaborado un proyecto de arbitrios bajo el nombre de suscripción voluntaria para auxilio de los ejércitos en campaña por el término de un año proyecto que fue aprobado por unanimidad y también en esa misma sesión se presentó el estudio de una comisión por un empréstito voluntario de 600.000 pesos. Los congresistas brillaban por su inventiva a la hora de tratar de arrimar un peso a las enflaquecidas arcas del estado. El 3 de agosto se discutió sobre el desembarco de 52 bultos de una fragata inglesa que contenían un Fanal (faro) para la isla de Flores pero el gobierno pensó que era una imprudencia instalar el mismo por la amenaza de la expedición española cuyos buques encontrarían un abrigo en el rumbo y en su entrada a puerto. Al enviado ante la corte de Brasil Manuel García se le dio una larga instrucción en la que con términos rimbombantes se le encomendaba que dijera al Ministro de Relaciones Exteriores del emperador de Brasil “que estas Provincias están resueltas a tener a todo trance la libertad e independencia que a costa de tantos y tan grandes sacrificios han procurado establecer” Y decía después que la constitución política ya aprobada y jurada en todo el territorio no se prestaría a negociación alguna sino sobre la base del reconocimiento de su independencia absoluta y le encomendaba además “la más vigorosa reclamación contra la entrega de la plaza de Montevideo a los españoles y luego amenazaba al decir que “una alteración notable y acaso un trastorno completo en nuestras relaciones subsistentes con el gobierno de su majestad fidelísima pues vendría hacerse inevitable en aquel caso una alianza defensiva y ofensiva con el xefe de los orientales don José Artigas”. Amenaza que reiteraría en otra parte del documento que se invitara a los portugueses a una eventual alianza defensiva contra España “sobre la vase de una asistencia reciproca” y si no se prestaba a ello amenazaba “tal vez nos veremos forzados a estipularla con el gefe de los orientales”. En verdad el detestado Artigas para algo le servia al congreso a la hora de intentar asustar a los portugueses que seguramente habrán exclamado mirándose aterrorizados ¡Uuuuuuyyyyyy, que miedo! El que estaba realmente en aprietos era sin duda el Supremo Director que el 17 de agosto informaba al congreso “Los poderosos motivos que lo impulsaron a contraer créditos enormes y consulta al soberano Congreso si para satisfacer estos créditos seria conveniente adoptar el arbitrio de dar a los interesados azogue al precio de 43 pesos el quintal al que se convenían recibirlo”. El congreso encomendó a uno de sus miembros para que verificase si había o no tal cantidad de azogue (mercurio) y se estableció que existían 5500 quintales, 2000 en la capital y las restantes en las provincias. El 28 de agosto se discutió sobre notas de los periódicos El Americano y El Ingenuo discutiéndose si estos contenían términos que ofendiese el honor del congreso y acaso las leyes establecidas y se habló de las medidas que se tomarían si la sala decidiera que realmente había sido ofendida. Observamos que desde los tiempos iniciales de la patria decir algo en contra del gobierno provocaba muy a menudo, demasiado a menudo, la reacción necia de los que no aceptaban crítica alguna. Actitud que a lo largo de estos doscientos años ha tenido y tiene importantes seguidores y se establecía en una serie de ítems que esas expresiones causaban daños y males que empeoraban la situación política y “recelaba que algunos mal intencionados en desahogo de sus pasiones y por sus fines particulares, muy contrarios a la salud de la Patria se esfuerzan en poner diviciones entre su excelencia (el Director Supremo) y el congreso, sembrando especies tan falsas como odiosas para hacer concevir desconfianzas”. Y luego decía una larga serie de elogios a la figura del Supremo Director y es, pensamos, que los congresistas si no lo tenían buscaban con tanto elogio crear un posible dictador. Lo curioso es que todas esas versiones maliciosas se decían en un periódico cuyo editor era un empleado de la Secretaria de Estado en el Departamento de Gobierno asalariado del estado y que conocía las relaciones entre el gobierno y el congreso y terminaba diciéndole al director que tomara alguna medida política “para contener excesos que sea cual fuese la intención son un lazo armado a la autoridad para dar por tierra con el orden sin que pueda servir de disculpa la travesura de comunicados anónimos echados en el estafeta del Correo, pues esta circunstancia añade la burla al insulto”. La comisión se presentó ante el Director y le hizo conocer lo que había dispuesto el congreso. El martes 7 de septiembre el enviado a Europa Valentín Gómez comunicaba que el rey de España vacilaba sobre el destino que daría a las tropas que preparaba para dominar la insurrección en América y decía la nota de Gómez que tanto en Barcelona como en Gibraltar se estimaba que no se verificaría la misma aunque en algunos puertos se habían embargado buques para el transporte de esas fuerzas. Las últimas sesiones secretas del 19 fueron de una casi absoluta insustancialidad, menos quizás la del 8 de octubre en la que se leyó una nota del Supremo Director en la que decía “que con el objeto de ajustar las bases bajo de las cuales debía acordar este Gobierno con el de Chile, su concurso para poner en libertad el Virreinato de Lima costeando una expedición a este fin se habían nombrado por ambos estados sus respectivos representantes” y pedía al congreso que se aprobaran esos tratados. En realidad era más bien una cuestión de forma porque San Martín a la hora de discutir estos temas los trataba directamente con el Supremo Director. En octubre 1 del 19 se consideró la moción del arresto por parte del comisario Francisco Dobla al músico francés Rives por no haberse quitado el sombrero y sin proceso ni formalidad alguna “se encargase al Supremo Director le mandara formar causa a dicho Doblas por el juez competente y que concluida y sentenciada a la mayor brevedad se publicase la sentencia para satisfacción de todos. Examinada suficientemente se propuso ¿si se haría lo que indicaba esta moción o no? Y resultó sancionada la negativa”. ¡Como vemos un importantísimo problema hasta internacional por esta falta de total respeto como era que un músico no se sacara el sombrero ante nada menos que un comisario! Un tema realmente de ¡mucho! significado fue el tratado el 20 de octubre, en ella se decía: “Reunidos los señores diputados a la segunda hora de la sesión para continuarla en público se vio una nota de la comisión nombrada para el despacho ordinario de los asuntos pendientes haciendo relación de la solicitud de don Francisco Ayala para que se le dispense en la prohibición que hace la real orden de 10 de abril de 1803 a los hijos de familia menor de 25 años de contraer matrimonio sin el consentimiento de su padre en cuyo caso se halla el suplicante por la oposición del suyo don Narciso Ayala al matrimonio que pretende con doña Gregoria Pereyra e igualmente del informe que sobre este asunto había pedido a la cámara de justicia en cuyo tribunal se había decidido la negativa conforme a la orden citada y de las demás medidas que la comisión habían adoptado en el particular. Puesto en discusión el asunto y hechas algunas observaciones convino la sala en que se suspendiera la resolución hasta la sesión inmediata que en esta se traxese a la vista la real orden y demás disposiciones que rigen en la materia”. Lo curioso de esta disposición en pleno virreinato es que siendo virrey Sobremonte permitió que Mariquita Sánchez que no quería aceptar el matrimonio con un español bien visto por sus padres se casara con su verdadero amor que era Thompson que moriría años después loco como una cabra pero que marcaba un cierto cambio en esto que casi veinte años después motivaba esta curiosa solicitud más siendo el tal Francisco Ayala un huevón de veinticinco años. El 27 de octubre el Poder Ejecutivo y en calidad de ¡reservadísima! comunicaba una nota de José Valentín Gómez desde Europa en la que decía que había tenido una conferencia invitado por el ministro de negocios extranjeros de Francia que le manifestó la propuesta de dicho ministro “de establecer en estas Provincias una monarquía constitucional colocando en ella al Duque de Luca antiguo heredero del reino de Etruria y entroncado por línea materna en la dinastía de los Borbones contando con que esta elección encontraría la mejor acogida en los Soberanos de las cortes principales y particularmente de los Emperadores de Austria y de Rusia abiertamente decididos por la persona del Duque”. Era tan absurda la propuesta porque en definitiva volverían los Borbones disfrazados a tomar el poder al menos en este antiguo virreinato y se decía además que el príncipe de Luca (ya había dejado de ser duque y ahora era príncipe) podría contraer enlace con una de las princesas del Brasil y además que el rey de Francia contribuiría con auxilios de toda especie para la prosperidad de estos pueblos. Gómez dijo que no estaba autorizado para deliberar por sí y que comunicaría a su gobierno esta propuesta. Y se deliberó en el congreso cada condición de las nueve que aquellas propuestas contenían. El rey de Francia tenia que lograr el consentimiento de las cinco altas potencias de Europa y de la misma España a lo que el congreso agregó Inglaterra. En la segunda condición que se hablaba del matrimonio del Duque de Luca con una princesa de Brasil se habló de que debía renunciar la corte de Brasil a las pretensiones sobre los territorios que habían sido de España y a las indemnizaciones que podría exigir a los habitantes de la Banda Oriental. Sobre la tercera condición se decía que Francia se obligue a prestar al Duque de Luca una asistencia entera de cuanto necesite para afianzar la monarquía en estas provincias y hacerla respetable. En la cuarta condición las provincias unidas reconocerían por su monarca al duque de Luca bajo la constitución política que tiene jurada con excepción de aquellos artículos que no sean adaptables a una forma de gobierno monárquico hereditaria para lo cual se reformaría la constitución. Se acababa de aprobar la misma y ya se estaba hablando de reformarla para dar lugar a este estrambote que tuvo muy larga vida, pues estuvo presente desde el comienzo del congreso hasta su final. Se llegó a decir que de aceptarse Francia debía proveer de los medios al gobierno de las provincias para hacer frente a los esfuerzos de España con tropas, armas, buques de guerra y un préstamo de tres o cuatro millones de pesos pagaderos luego que se haya concluido la guerra y tranquilizado el país y como el tema de los pesos era una constante se rectificó y se dijo en lugar de 3 o 5 millones se pusiera tres o más. Quizás en este mangoneo estaría explicado por qué Francia se enfriaría en su entusiasmo por gratificarnos con una monarquía constitucional presidida por un Bobon, perdón… Borbón pues el proyecto del congreso tocaba muy de cerca el bolsillo galo. Se decía también que si Inglaterra no aceptaba este convenio no se haría. Y además el tratado se debía celebrar entre el ministro de Relaciones Exteriores de Francia y el enviado en Paris que seria ratificado por el rey de Francia y por el Supremo Director de las provincias unidas. Con previo consentimiento del senado según las formas constitucionales. Y sobre la novena condición se decía muy escrupulosamente: “que a este fin se procurará nuestro Enviado el tiempo que considere necesario para que pueda volver de aquí despachado este asunto de tan alta importancia conduciéndolo con toda la circunspección, reserva y precaución que impone su naturaleza delicada así porque no avorte el proyecto como para impedir las consecuencias funestas que ocasionaran (si llega a transpirarse prematuramente) las glosas malignas que sabrán darle los enemigos de la felicidad de nuestra Patria”. Como vemos el congreso estaba bien entusiasmado con traer a presidir nuestros destinos a un Borbón de cuarta, desempleado y medio pobretón. El 30 de octubre se siguió discutiendo la propuesta del Ministro de Relaciones extranjeras de Francia parta establecer una monarquía constitucional colocando en ella al príncipe de Luca. El 3 de noviembre se siguió con este tema aunque ya se habló que la propuesta de Francia no salía de la esfera sino de un simple proyecto de negociación al que se opondría la Gran Bretaña que no podía aceptar que una potencia continental como Francia, su antigua rival cuyos intereses políticos y mercantiles junto con los de Austria, Prusia y Rusia conspiraban de un modo notorio a desequilibrar la preponderancia del poder británico. El príncipe Borbón animaba a los congresistas a que sería sostenido por aquellas potencias, no se aprobó ni nada la cuestión pensando que no debía variarse ni trastornarse la constitución adoptada pues se trataba de un mero proyecto y hacían resaltar que estaban amenazados, sin recursos para concluir una guerra tan desastrosa y prolongada y amenazados de formidables fuerzas que preparaba el obstinado e implacable orgullo español y afirmaban los congresistas: “nos imponen el deber de sacar de aquella propuesta el mejor partido posible a beneficio de la independencia política del país sea interesando por este medio a la corte de Paris a que emplea su poderoso influjo con Madrid a fin de que se suspendan los preparativos de la grande expedición destinada a la subyugación de estas provincias”. Las tratativas tenían por objeto vencer la repugnancia que tienen los ministros de esos reinos a entrar en relaciones con los enviados de republicas nacientes a quienes por todo favor “apenas se les considera como existentes de hecho cuando por su propuesta nos supone ya en ministerio de Paris al menos tácitamente en aptitud y con derecho para disponer de nuestra suerte y la de las Provincias por medio de un tratado; ya pudiendo hechar mano del arvitrio de hacer entrever diestra y sigilosamente la propuesta de la Francia al ministro de la Gran Bretaña al fin de decidirlo por el reconocimiento de nuestra independencia absoluta y porque nos ayude a sostenerla y últimamente tomándonos tiempo (al menos mientras por medio de la negociación se logre entretener o suspender la Expedición o Armada Española) para arreglar nuestro interior, preparar nuestra defensa, establecer nuestro crédito exterior y ponernos en un pie de respetabilidad que nos proporcione mayores ventajas en este u otro cualquiera tratado”. Se decidió en definitiva que la próxima legislatura tomaría en cuenta la discusión de este tratado. Pensamos que aunque el rey constitucional que pensó aceptar el congreso era un rey de cuarta pero rey al fin no lo tuvimos hasta diez años después que ya no fue constitucional sino absoluto rey criollo con una corte la de Palermo de San Benito, barreta pero corte real al fin con todos los elementos adecuados con sus bufones, sus favoritos y favoritas, alcahuetes, adulones además. Reyes que cada tanto aparecieron a lo largo de estos doscientos años de republica como desagradables fantasmas. También suponemos que la inicial propuesta de Francia recibió fundamentalmente como respuesta del congreso además de aceptar en un principio al susodicho Duque de Luca la propuesta del Congreso de mostrar paladinamente la miserable situación económica al resaltar que para lograr ese objetivo Francia debía contribuir con tres o más millones de pesos para el éxito de esa propuesta gala. Lo que no calibraron los congresistas era que esta “tirada de manga” era el peor argumento para la tradicional tacañería francesa. “El avaro” de Moliére era y es sin duda la mejor síntesis de la generosidad francesa. Cuando se habló de dinero, Francia cerró herméticamente sus bolsillos. El 12 de noviembre se siguió discutiendo este tema. Aunque en la parte final de la sesión se tomaba conocimiento por comunicación del enviado Valentín Gómez de “habérsele comunicado con gran reserva la noticia de un avenimiento reciente entre España y Portugal y que a este mismo tiempo llegó a sus manos una gazeta en que también se anunciaba. Que puso en movimiento todas sus relaciones para conseguir una copia del tratado: expone el modo como la consiguió pero que no pudo haber el documento original. Hace algunas reflexiones sobre la autenticidad de este documento y ofrece esforzarse hasta recibir nuevas y mejores pruebas de su realidad: que no había conseguido tener la conferencia que solicitó con el ministro de la Francia” y el enviado Gómez expresaba su diligencia para adelantar “sus conocimientos sobre el negocio del tratado que los individuos de la embajada Española aseguraban contestemente que las dos cortes estaban convenidas y ratificado el tratado. Pero que de los de la de Portugal salían las especies con alguna más oscuridad”. En otra comunicación decía “haber logrado comprar por quinientos pesos a un oficial de la Secretaria de la Embajada Española; que hubo en consecuencia una copia de los tratados públicos y secretos que temeroso de que esta fuese una intriga de la embajada española exigió nuevamente se le manifestase el documento original y que se le contestó no había medio para extraerlo del archivo. Que entonces tomó otras seguridades para que se le devolviesen los quinientos pesos sino se veían los efectos del tratado”. En definitiva es casi seguro que los españoles corruptos y coimeros timaron al enviado Gómez, fraguaron quizás la susodicha copia del tratado secreto y se embolsaron sin mayor pudor la importante suma percibida por su “traición a la Patria”. El 10 de diciembre el Supremo Director informaba de una serie de comunicaciones recibidas del interior; quizás la más interesante era la que informaba en una “detenida exposición acerca del estado en que se hallan las Provincias de la opinión generalizada de la de Córdova y otras a favor del sistema federal y sobre la necesidad de que este se adoptase como único remedio en las presentes circunstancias para cortar los males de la anarquía y evitar una total dislocación en el Estado”. Como vemos se mostraba en esta información la oposición que se expresaría con más virulencia al año siguiente de las provincias contra la constitución del congreso y en realidad se adelantaban a lo que ocurriría poco tiempo después y algo realmente triste y que era “la situación delicada en que se hallaba la salud del brigadier general Don Manuel Belgrano” y se le encargaba a Bernabé Araoz “empeñe su particular esmero en que se le dispensen las consideraciones devidas a su carácter de General en Gefe del exercito y Capitán General de aquellas Provincias y que si la presencia de las nuevas ocurrencias puede perjudicar a su restablecimiento le facilite la comodidad de auxilios necesarios para que se traslade al punto que elijan”. Así finalizaban las Actas Secretas del Congreso y así en este triste final. El 4 de enero de 1820 se ordena publicar en El Redactor las actas de las elecciones de senadores. Las consideraciones que se hacen al respecto, pensamos, son un verdadero dechado de incongruencias o algo así como un super galimatías, vale decir un absoluto estrambote, veamos: “No sin grandes miras de sabiduría y madurez ordena la constitución del estado que recibidas las ternas de los senadores y las actas de las elecciones se publiquen por medio de la prensa. Sabía muy bien el congreso la parte activa que en estos actos importantes podían tener los consejos corrompidos de la parcialidad y esa ambición inquieta que es el origen de las turbulencias y de las más torpes injusticias. Poner un freno a estos desordenes levantando la barrera de honor o de la infamia entre los electores y estos empleos era un pensamiento muy justo y digno del pueblo soberano. Porque a la verdad nada menos era preciso que una alma deprabada y sin pudor para hacer frente a la censura amarga pero justa con que serian cubiertos de ignominia los prevaricadores de la confianza pública. Ella les haría ver que estando afecta al vigor y a la sabiduría de estos cuerpos la prosperidad del estado dejando la constitución a las juntas electorales la noble función de formarlos las puso en estado o de merecer del publico una recompensa preciosa y honorable o de que añadiese su justo desprecio al duro suplicio de su propia conciencia: que no es por beneficio ni aun de los hombres ilustrados y de merito reconocido que la constitución exige su preferencia a los ineptos y poco dignos sino por el de la nación misma, por su crédito, por sus intereses políticos; en fin que en consecuencia de estos principios obrar de modo como si estos empleos hubiesen sido criados para congratular con ellos el amor propio de los amigos o para que sirviesen de presa asegurada al interés y la ambición, era el colmo de la demencia y el ultimo insulto al sagrado deposito de la constitución”. Tal cantidad de palabras para expresar un pensamiento que aun doscientos años de escrito podemos decir con total seguridad que no entendemos nada de lo que se quiso decir. El 31 de enero del 20 Juan Martín de Pueyrredón en una larga presentación al congreso decía: “Es visto que mi presencia irrita y es visto también que mi separación en necesaria a la política interior del Estado: débame el país este sacrificio más. Yo he resuelto pues dejarlo el tiempo que sea necesario a la quietud pública y el que bastase a que mis enemigos personales se tranquilicen”. Y solicitaba se le autorizara su salida del cargo de un modo decoroso. El 11 de febrero del 20 el Cabildo de Buenos Aires envío a una comisión al congreso intimándole su disolución en nombre del ejército exterior y en el interés de la salud pública y así el congreso resolvía que “sin embargo que los representantes de los pueblos celebraron el pacto de unión con la representación legitima del gran pueblo de Buenos Aires y por lo tanto desearían saber la voluntad de este manifestada del mismo modo, ceden a la intimación que se les hace por medio de S.E. sin que se entienda que en esto obra autoritativamente”. El cabildo porteño le había dicho al congreso: “la salud pública y los peligros no es posible detallar en el momento y de que se instruirá oportunamente a los demás pueblos, exige imperiosamente que cese el ejercicio de sus representaciones. La penetración y su sabiduría de V.S. debe consultar aquel primer objeto de la república y decidirse por tan interesantes miras con la responsabilidad de incalculables males que pudiesen suceder. El público está en expectación y V.S podrá preveer lo que puede ocasionar la tardanza a una cooperación de ideas con el Supremo Poder y voto del ejército exterior”. Rondeau el director del estado al que se le había hecho la misma intimación que al congreso renunció ante el cabildo. Así finalizaba con dos breves intimaciones el congreso que cuatro años antes se había inaugurado en Tucumán y que cumplió las dos tareas por la cual había sido convocado: declarar la independencia y redactar una constitución. La primera la cumplió y marcó el inicio de nuestra existencia como nación. La segunda marcó el comienzo de una larga lucha por lograr la constitución de la nación algo que recién se realizaría más de treinta años después. Sarmiento comentó que lo primero no tenía mayores dificultades y que lo segundo había sido realmente difícil de llevar a cabo. Lo curioso y digno de anotar que el fin del más integrador y “democrático” congreso que tenia una legitimación absoluta terminó sus días por una intimación del cabildo de Buenos Aires respondiendo a las exigencias del ejercito. Curiosa historia a la que seguirían muchas décadas donde el ejército cumpliría en reiteradas oportunidades un rol destituyente similar. Final poco feliz Ricardo Caillet-Bois en su trabajo sobre el Congreso de Tucumán se refiere al rechazo por las provincias a la misma y dice: “La Constitución, vino en mala hora a agitar aún a los inquietos espíritus de los hombres de 1819. Fue la chispa que faltaba para precipitar el hundimiento total del régimen de las Provincias de la Unión. Era una constitución “estéril por su índole demasiado centralista” y que la colocaba “al margen de la vida del país”. Al no respetar los localismos “dio pábulo a la guerra civil” que ya estaba incubándose y al no “presentir las instituciones provinciales” que ya se estaban perfilando, “precipitó la crisis en lugar de aplicarla”. En sus miembros pudo más el convencimiento de su superioridad que la realidad misma”. Todos le habían jurado fidelidad, ejércitos, cabildos, pueblos y amor eterno pero muy poco tiempo después la pobre constitución fue rechazada de manera absoluta. Tal como si fuera una humilde modistilla que ilusionada pensó que la querían y terminó abandonada por todos. BIBLIOGRAFÍA RAVIGNANI, EMILIO ASAMBLEAS CONSTITUYENTES ARGENTINAS TOMO PRIMERO 1813-1833 BUENOS AIRES – 1937 ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA HISTORIA DE LA NACIÓN ARGENTINA TOMO 6 1º SECCIÓN PáG. 576 BUENOS AIRES - 1962